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Casa Habitación de Smiljan Radic

Levantada con una estructura artesanal de madera reticulada en módulos, “la Habitación”, es una construcción de 150 m2 situada en plena naturaleza, en una zona boscosa perteneciente a la población de San Miguel, en Isla de Chiloé (Chile). Para Smiljan Radic, la idea de refugio, involucra la sensación de distancia, es por esto que en la Casa Habitación, el arquitecto proyecta el alejamiento respecto de lo urbano, a nivel físico y perceptual, debido a dos factores, su ubicación y diseño de la obra.

Autor: Smiljan Radic
Ubicación:
San Miguel, Isla de Chiloé, X Región, Chile
Arquitecto colaborador: Ricardo Serpell, Felipe Montegu
Construcción: Ignacio Ramos Vivar
Superficie Terreno: 54 hectáreas
Superficie Construida: 105 m2
Año proyecto: 1992-1996
Año construcción: 1997
Publicaciones: 2G 44 Smiljan Radic, ElCroquis 167, Chilearq, redfundamentos, subtilitas, arkiiv
Fotografías: Gonzalo Puga

El proyecto hereda entonces, el sentimiento de lejanía del carácter remoto y propio de la región, debido a su condición insular, cultura, historia y escasa población, al igual que el proceso constructivo. El velo del vidrio de sus fachadas posee el aura de transparencia y una escalera de mano da acceso a la planta superior, un reducido espacio que surge del volumen principal ubicado en el mismo eje de la puerta de acceso.

“La habitación de Chiloé con sus muros y estantes vacíos, señala un doble aislamiento: por un lado la habitación se sitúa en un lugar que no mira hacia ninguna parte y, por otro, existe un aislamiento fruto del tiempo, de estantes, que se llenan de objetos, de la historia del habitante, en un diálogo interior que se aisla de modo absoluta a medida que se llena de vestigios de su propia vida. La Habitación es una máquina de la deshabitación” (Alberto Sato, Arquitecto UC).

En muchas de las obras de Smiljan Radic, las  plantas se ordenan alrededor de una suerte de núcleo, que puede ser un patio central por lo general pequeño, o una escalera de un solo tramo que conecta suelo y el techo, tal es el caso de este refugio en el cual el arquitecto localiza en el medio de la única habitación de la casa este elemento de circulación, en torno al cual parecen parecen gravitar diferentes tipos de cosas: los pocos muebles de la casa, los enseres que se colocan en los anaqueles que hacen también de paredes, los árboles en el exterior y, por supuesto, los mismos habitantes de la casa. La puerta de entrada y salida de la casa está situada frente a la gran escalera; tanto la puerta como la escalera componen un eje de circulación y compositivo, marcando una línea de recorrido que lleva directamente a la planta superior, quizás la parte más privada de la casa, el dormitorio. Este eje, frontal y aparentemente inevitable, convive con la posibilidad de deambular en círculos. La salida de la casa pone fin a este deambular, pero también en ese espacio exterior urbano terminamos por describir circuitos más o menos repetitivos. Al final del día, y por más sinuoso que haya sido nuestro recorrido, nos encontraremos frente a la misma puerta.  La reiteración constante de los movimientos, el incesante ir y venir sin fin de un lugar a otro es la manera que tenemos de habitar una vivienda. La repetición y la circularidad, ya sea de las acciones o de los recorridos, marcan toda la domesticidad.

Memoria del arquitecto.
Cuando un habitante de la isla de Chiloé quería mover su casa, la arrojaba con bueyes al mar y la hacia flotar tirada por botes hasta la orilla de otra isla. Allí, la instalaba sobre bolones en el nuevo sitio elegido con anterioridad. Aparentemente, esas casas no tienen que ver con un lugar específico, con una vista o un paisaje, sino con el reconocimiento de todo un territorio en el que una casa se puede mover, o si se quiere puede flotar con facilidad. La arquitectura no necesita muchas veces de un sitio, necesita de un territorio, que puede ser físico o intelectual.

La Habitación es un refugio, y como todo refugio intenta preservar un alejamiento. Los monasterios del Monte Athos, las cuevas de los monjes en las Meteora, un refugio de un arriero en los Andes -o quizás el pao de Toyo Ito para la Mujer Nómada en Tokio- son ejemplos de esta voluntad.

Esta Habitación fue trasladada por piezas, primero en botes y luego por bueyes y cargadas a mano durante dos meses, lejos de toda huella civilizada. La Casa Habitación se ubicó ubicada del único claro del bosque de ulmos existente en el lugar. Su Estructura Estante, que fue ejecutada a media madera, sin clavos, como supuestamente lo hacían los antiguos, recibe las cargas de todo aquello que la Habitación debe sostener, no sólo de aquellas cargas que son producto de la propia construcción, sino también de los vestigios y recuerdos que en sus fachadas se van acumulando por el uso.

La Casa Habitación no privilegia ninguna vista porque no hay nada que ver en sus alrededores, sólo un follaje verde y homogéneo donde la construcción parece haber varado.

Diez años después, sustituimos el segundo piso de la Habitación con una carpa roja para convertirlo en dormitorio. Gracias a esta ampliación su imagen se emparentó al de las casas rurales que encontramos dispersas entre los bosques de la isla de Chiloé: volúmenes sencillos de madera lavada, con cubierta de lata a dos aguas, pintada a veces de color rojo.

Descripción de la Obra
Para construir la habitación, se trasladaron desde el puerto de Compu siete toneladas de madera, vidrio y artefactos provenientes de Santiago. El transbordador, después de estar varado en la rambla del puerto una noche, tardó una hora en llegar a la bahía de San Miguel, ubicada en el encuentro de los esteros Compu y Paildad en el mar interior de la isla grande de Chiloé, en las inmediaciones de Quellón.

Durante un mes, en pequeños botes y aprovechando las horas de marea alta, se llevó la madera desde la playa hasta la entrante de una pequeña quebrada sobre el mar. Desde ahí, mediante un sistema de cuerdas y poleas se subió la carga hasta el plano de un morro -de unos treinta metros de altura y distante trescientos cincuenta metros del lugar de construcción definitivo. Con dos yuntas de bueyes se hizo el traslado de la madera hasta la pequeña colina elegida para la construcción, -único claro existente en medio de un bosque de olmos, talado por un aserrado artesanal. El resto de los materiales -incluidos los termopaneles de vidrio de 226 x 113 cm- se trasladó a mano, por un sendero más largo pero menos abrupto.

La habitación debía ser montada sobre grandes piedras de río, imitando las fundaciones de las iglesias y de las casas rurales chilotas, pero los bueyes no consguieron salvar la distancia arrastrando las piedras desde la playa, por lo que se decidió fundar la construcción sobre basas de madera. La estructura estante es la estructura de la habitación.

Es una estructura artesanal de madera reticulada en módulos de 56.5 x 28.2 cm, mediante la unión de pies derechos, travesaños y cadenetas de escuadría homogénea de 2 x 6″ (5.2 cm x 15.2 cm) ejecutados a media madera entarugada, al igual que el envigado de techo y suelo, los cuales, poseen una escuadría de 2 x 9″ (5.2 cm x 22.7 cm).
La estructura reticular constituida por bastidores de madera de escuadría es homogénea y regular. Esta estructura portante soporta la cubierta y formaliza la fachada, al mismo tiempo que sirve como estantería hacia el interior. En un primer momento el edificio contaba con tres volúmenes sobre la cubierta transitable, que resolvían un pequeño cuarto de instalaciones, la llegada de una escalera de mano y un espacio para asomarse sobre el bosque. Estos volúmenes fueron retirados y en su lugar se construyó una cubierta textil roja a dos aguas, que transforma la cubierta en un espacio interior cerrado y translúcido bañado en un color rojizo, con alusión a las carpas circenses con la ligereza propia de estas construcciones efímeras.

La estructura trata de solucionar con un sistema constructivo toda una habitación y todo lo que ella puede sostener. No sólo las cargas de la propia construcción, sino los vestigios y recuerdos que en ella se pueden acumular. De esta manera, se pretende que con el tiempo las caras de esta caja se llenen de restos, fragmentos y cosas de distintos materiales que “compondrán” finalmente su fachada, en conjunto con el vidrio que envuelve el gran volumen.

Casa Habitación versus Minga
En esta zona remota del territorio chileno existe la minga, un ejercicio colectivo en el que los vecinos se apoyan para trasladar sus casas de madera de un solar a otro, e incluso de una isla a otra. El proceso se inicia desvinculando la casa de su lugar, se separa la construcción de sus cimientos, es colocada sobre unas vigas de madera que funcionaran durante el traslado como una plataforma de arrastre, y  se retiran las puertas y ventanas, para reforzar los huecos y el interior con puntales y cruces de San Andrés. Una vez asegurado que durante el traslado la estructura no se deformará en exceso, la casa es arrastrada con un gran esfuerzo físico. Mediante medios mecánicos, manuales o animales como las tradicionales yuntas de bueyes, la estructura comienza a deslizarse lentamente. Cuando el viaje se realiza sobre las aguas del pacífico sur, se espera un día de mar tranquila y mediante un pequeño remolcador la casa es trasladada flotando de orilla a orilla, para con cuerdas y poleas proceder a su traslado definitivo.

Para la construcción de la Habitación, se requirió de una minga tradicional, de un gran esfuerzo para salvar la distancia del lugar. Las tablas de madera de la estructura fueron transportadas desde Santiago en camión a lo largo de unos 1.100 km. Luego un transbordador las llevó hasta una playa cerca de San Miguel, donde mediante la utilización de un bote se fueron llevando hasta un desfiladero de unos 40 metros de altura. Allí se montó un mecanismo con poleas, cuerdas y una pareja de bueyes para trasladarlas hasta el lugar donde le construyó la casa. Se tardó cinco meses para completar el traslado de la madera y el vidrio que construyen la casa.

Parece que ese movimiento de lo edificado lo desafecta del lugar y lo vuelve independiente, pero en realidad genera que la arquitectura, más que a un lugar,  pertenezca a un universo.

La Habitación es por tanto producto de ese mundo lejano del fin del mundo en el que reutilizar es ley de vida, en el que una pequeña estancia con un toldo rojo se convierte en un refugio en medio del bosque.

 

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