Conversando con Enrique Browne

Apuntes de una conversación con Enrique Browne Covarrubias, arquitecto

Santiago, 2013.

Enrique, ¿qué es la arquitectura para ti? ¿cómo la ves?

EB: la arquitectura es mi vocación, tan amada, que por ella he postergado otras cosas y a mi gente querida, de lo cual me arrepiento. La arquitectura es mi profesión y mi hobby. En términos generales, la arquitectura es un arte y una profesión. Arte, porque el arquitecto trata de expresar algo, de decir algo, de comunicar. Profesión, porque se trata de dar un servicio, un buen servicio. Sucede que a menudo estos dos intereses colicionan. El tema es cómo compatibilizarlos. El arquitecto experimenta una contradicción interna. Pero al menos hay que lograr un 5% de libertad del cliente para el lado artístico.
Como arte, mi tema mayor ha sido la relación con la naturaleza: con el agua, la tierra, la vegetación, los vientos, el sol. Es dentro de esta búsqueda que surgen los parrones y los parrones verticales en mis obras. No se trata de cubrir de verde la fachada sino de hacer un aporte al edificio, al barrio, a la ciudad, como mejoramiento medioambiental y de ahorro energético en beneficio de los usuarios y los ciudadanos.
La “doble fachada vegetal” es un aporte chileno e inédito. Es muy distinta al “enchape” verde de las fachadas, que es muy caro – algo así como 80 veces más si se considera su costo inicial multiplicado por su vida útil.
Mi visión es que hay que naturalizar la ciudad – proceso inverso y complementario al de urbanizar el campo, tan en boga en el siglo XX, dotando al campo de los bienes de la urbe: agua potable, servicios sanitarios, electricidad, pavimentación, escuelas, policlínicos, etc. Ahora se trata de ruralizar la ciudad con elementos naturales , con métodos los más sencillos y simples posibles.
Algo que buscan los millones de personas, arrancan de las grandes ciudades cada fin de semana buscando lo natural.

Cuando haces arquitectura, cuando inicias un proyecto, ¿de dónde partes? ¿dónde buscas la
inspiración?

EB: Varía caso a caso. Al menos tres elementos se mezclan y se priorizan de distinto modo, según el caso. Antes que nada y como un apriori está la visión del arquitecto, la experiencia, la intención del artista. No se parte en el vacío, sino de condiciones subjetivas previas. Luego están las condiciones del cliente: su presupuesto, el programa y a veces más. Existe una obligación contractual con él.
Por otro lado está el lugar. Toda obra tiene que aportar algo al lugar, al barrio, a la ciudad. Esto genera una responsabilidad social. Se trata de asentarse en el lugar para hacer un aporte sin tratar de ser protagónico. El protagonismo no es el punto sino el servicio prestado al cliente y a la sociedad. A modo de ejemplo, está el caso del Edificio Consorcio, que ha dejado al cliente satisfecho y al barrio y la ciudad agradecida del aporte. Si se ha convertido en referencia o símbolo es un extra, ajeno a la intención que le dio origen.

¿Cuál es la tarea de los arquitectos respecto del territorio, el paisaje y la ciudad?

EB: Hay que ser realistas con la importancia que tienen los arquitectos. Históricamente no hemos tenido mucha importancia, salvo excepciones como Niemayer en Brasil. Los cambios significativos en la ciudad no los producen los arquitectos sino quienes tienen poder. Es el caso de Haussmann comisionado por Napoleón III en París o Vicuña Mackenna en Santiago, por poner algunos ejemplos. Por otra parte, creo que a la gran mayoría de la gente no le preocupa la arquitectura. Más les preocupa la construcción, que la obra no se caiga con un sismo, que no se llueva, no pasar frío, que los servicios funcionen, etc. , y la decoración, es decir espacios neutrales para poner sus cosas a su gusto.
La mayor parte de la gente no es sensible a la arquitectura, no la entiende. Por lo mismo, creo que los arquitectos no somos lo importantes que pretendemos ser. Es limitada nuestra posibilidad de acción. Hay que ser más humildes.
Los arquitectos no vamos a cambiar la ciudad, la gente con poder puede hacer eso, ellos deciden.
Nosotros, debemos hacer el bien que podamos. Tratar de influir en los que deciden. Los políticos y cientistas políticos deberían tener estudios urbanos como parte de su curriculum. Deberían conocer la importancia de los espacios públicos. Deberían saber que los temas de la arquitectura y el urbanismo tienen repercusiones políticas fuertes. Miren sino lo que sucedió con el Transantiago.
Un tema básico es cómo se generan las leyes, ordenanzas y reglamentos que afectan el territorio, el paisaje, las ciudades y la arquitectura. Quienes hacen las leyes son quienes están destruyendo la costa chilena, llenando de hormigón lugares como Reñaca, Cochoa, Las Salinas, en fin, tantos lugares que en algún momento fueron paradisíacos. Ahora están pavimentando el acceso a La Dehesa…. Los arquitectos debemos hacer ver que la cosa va mal. Sí, los arquitectos hemos sido parte de todo esto, por acción o por omisión.

¿Cómo ves la práctica profesional en el contexto del mercado?

EB: El mercado es inmediatista. La arquitectura y la ciudad son a largo plazo. Ahí está el problema. El mercado – como oferta y demanda – funciona bien en la feria, en la vega, pero en la ciudad funciona con problemas. El mercado supone movilidad de factores para funcionar…..la ciudad no tiene eso. Los lugares son únicos, fijos.
La arquitectura siempre ha estado al servicio del poder económico y político. No se si podrá cambiar las leyes, las reglas del juego urbanas.

¿Cuál es la relación entre diseño y arquitectura?

EB: El diseño es sin lugar. La arquitectura es con lugar, arraigada. Pero sucede que muchos edificios son ubicuos, están en todas partes, sin raíces culturales, geográficas o climáticas. No tienen relación con el lugar. Eso es diseño, no arquitectura.

¿La forma en arquitectura a qué responde?

EB: Es el resultado del espacio interior, de la relación del adentro con el afuera que se establezca, una mezcla de función, programa y lugar.
En mi caso, pretendo que la naturaleza se vaya tomando el edificio, dándole otra forma, más natural y permanente.
En este sentido pienso que los “muros cortina” y la arquitectura moderna en general respondían a la expresión de la época de la industrialización, con Mies, Le Corbusier, etc.
Ella está hoy fuera de tiempo. La arquitectura “contemporánea” – no la moderna del siglo XX – tiene otros parámetros vinculados a la sustentabilidad y al conocimiento virtual.
Pienso que la arquitectura del siglo XXI será una arquitectura más sustentable, (con sistemas low tech) y que reflejará las tecnologías virtuales, con respeto a los cerros, las dunas, los bosques, en fin, los elementos de la naturaleza.

Entrevista:  D+A Diseñoarquitectura.cl,  por Gonzalo García-Huidobro, arquitecto PUC, MSc. UCL.
Imágenes: Obras de Enrique Browne C., gentileza Enrique Browne C.