Entrevista a Oriana Ponzini: Iluminar el espíritu de las comunidades

La arquitecta habla de uno de los proyectos más desafiantes de su carrera, donde iluminó 60 iglesias a lo largo de Chile.

Hace treinta años, la arquitecta Oriana Ponzini decidió cambiar el rubro de eficiencia energética, en el que se estaba desarrollando, para especializarse en iluminación, un ámbito prácticamente inexistente en el país en aquellos tiempos.

Como pionera en la materia, Oriana ha desarrollado más de mil proyectos de diversa índole: comerciales, industriales, patrimoniales, bajo el nombre de su oficina Opiluminación www.opiluminacion.cl

De sus proyectos, uno de los más emblemáticos ha sido “Iluminando Iglesias al Sur del Mundo”, el que llevó 11 años en ser terminado y que, mediante el auspicio de Enersis, consiguió la iluminación de un total de 60 iglesias entre Parinacota y Chiloé, siendo 26 de estas patrimoniales.

¿Cómo abordar un proyecto donde el objetivo es modificar, a través de la iluminación, espacios con tanta tradición y de tanta sensibilidad para las personas?
OP: En primer lugar hay que tener en cuenta que uno está trabajando con un edificio que ya está construido y hay que ser cuidadoso con el carácter del edificio, con los detalles arquitectónicos y con los rituales que se van a cumplir dentro de ese espacio. Hay que ser cuidadoso porque tú estás iluminando, por un lado, los detalles de la arquitectura y, por otro, en función del carácter que tiene el edificio y de los ritos que ahí se celebran.

¿Qué buscas al iluminar estos lugares de carácter religioso?
OP: Uno tiene que hacer que la persona se sienta de alguna manera incentivada a la oración. La iluminación tiene que incentivarte a ese estado de inspiración emocional, espiritual. Yo no puedo, en una iglesia, iluminar todo el lugar si quiero que la persona medite. Tiene que haber una conversación entre el estado emocional y el nivel de iluminación. Entonces debo hacer que la atracción esté puesta sobre el altar, de manera que la persona logre concentrarse en él, en un “más allá”, en la gura de Cristo, y logre pensar en un mensaje lejano y que él esté en calma. Esa calma es una luz suave, difusa.

¿Qué elementos requirieron un tratamiento especial?
OP: Hay que encontrarle la belleza a cada espacio y eso es lo que uno tiene que destacar. Para nosotros fue importante respetar los elementos que representaban un símbolo para los habitantes del lugar, porque cuando tú llegas a trabajar a un lugar que tiene historia, tienes que respetar esos aspectos y elementos que han hecho historia en el lugar.

Por ejemplo, en Putre habían unas lámparas de fierro que no contribuían apropiadamente a la iluminación. No eran las originales, pero estaban ahí hace muchos años. Yo tenía que respetar la ubicación y presencia de esas lámparas que habían sido compradas, probablemente y con mucho esfuerzo, por miembros de la comunidad. No se trata únicamente de elementos religiosos o patrimoniales, sino de otros que tienen que ver con la comunidad; hay sentimiento en ellos. Eso creo que fue algo que aprendí prontamente.

¿Y en cuánto a la iluminación exterior?
OP: En exterior, la iglesia es un símbolo y normalmente las torres de las iglesias son puntos de ubicación y orientación en los pueblos. Era muy importante iluminarlos, y era muy fácil hacerlo. Putaendo, El Almendral, la torre de Copiapó, Castro, Puerto Varas; todas se ven desde lejos, y esta última es parte también de la imagen nocturna que representaba a Puerto Varas.

¿Qué cambia al considerar e integrar a las comunidades en los proyectos?

OP: Cambia en que la gente se preocupaba de cuidar sus iglesias, cosa que no pasa aquí en Santiago. Por ejemplo, nosotros, al cambiar la instalación eléctrica de la iglesia de San José de la Unión, toda la la comunidad participó, y el cuidado que ellos han hecho de su iglesia es totalmente distinto al cuidado que ha habido en las iglesias de aquí de Santiago.

Cinco años después, como parte del equipo de Enersis, recorrimos varias iglesias que habíamos hecho para ver si necesitaban algún tipo de restauración, y en la mayoría de las iglesias, en que la comunidad participaba, no había nada que hacer; ellos se habían preocupado de mantenerlas. En cambio, aquí en Santiago, por ejemplo, la mantención de la mayoría requirió bastante trabajo.

¿Cuáles fueron los obstáculos más comunes?
OP: En muchas iglesias tratábamos de que la municipalidad participara y  que cooperara con la mantención o con el pago de la cuenta de la electricidad, porque incorporábamos también el mejoramiento de las áreas alrededor de las iglesias. Si había una plazoleta, un área verde, entonces le pedíamos a la municipalidad se hiciera cargo de la mantención, porque era espacio de uso público, entonces eso demoraba tiempo. Finalmente, el proyecto de iluminación era un detalle dentro de todo lo que había que hacer en ese trabajo. Hubo muchas iglesias en las que nosotros también trabajamos en soterrar todos los cables que pasaban por delante.

Por ejemplo, si tú hoy día miras la Iglesia de San Francisco de Castro, puedes ver la iglesia completa. Cuando nosotros llegamos era un tercio de la fachada completa cubierta por cables. Entonces hubo que poner de acuerdo a dos o tres distribuidoras de telefonía, a eléctricos…   es una cantidad de plata importante soterrar los cables, además de que no es parte del proyecto de iluminación propiamente tal, pero es parte de la imagen del edificio.