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Escuela de Diseño y Estudios Urbanos PUC de Sebastián Irarrázaval

Se localiza en el campus Lo Contador, donde actualmente estas entidades ocupan una serie de pabellones livianos contiguos a la Escuela de Arquitectura y el Centro de Documentación e Información Sergio Larrain García-Moreno. La construcción cuenta con salas de clases, talleres, laboratorios y oficinas para los profesores. Su estructura estará formada por una combinación de hormigón armado — en subterráneo y primer piso — y madera laminada en los pisos dos a cuatro.

Autor: Sebastián Irarrázaval
Equipo profesional: Cristián Irarrázaval, Francisca Rivera, Arquitectos
Gerencia de proyecto: Departamento de Infraestructura de la Pontificia Universidad Católica de Chile
Superficie construida: 4.716 m2
Mandante: Pontificia Universidad Católica de Chile
Constructora: Inarco
Cálculo: Ingeniería Estructural: Luis Soler P. & Asoc
Especialistas: Inspección Técnica: Dictuc
Año proyecto: 2008-2009
Año construcción: 2010
Materiales: Vigas de Madera Laminada, Tablero Masterplac, Listones MSD Impregnado
Fotografías: Nico Saieh.

Descripción de los arquitectos.
Se puede afirmar que la comunidad que habita el campus lo Contador se identifica con la estructura de patio que tiene la casona y que impregna con su presencia el resto del campus. En consecuencia, se propone que el nuevo edificio recoja esta manera de generar sentido de pertenencia organizando el programa en torno a dos patios abiertos al cielo, de características espaciales muy distintas: uno estrecho y otro ancho, que se flanquean por todas sus caras con madera para fortalecer el carácter interior de ambos.
Este universo intimista o “blando” se contrasta fuertemente con una terminación de las caras exteriores del volumen en acero, que junto con diferenciarse por color y temperatura con el del interior, es capaz de recoger la pátina del paso del tiempo en su superficie, como lo hacen por ejemplo las tejas. Estos contrastes se recogen también en el interior del edificio, y es por esto que tanto tabiques divisorios como los encuadres de ventanas se tratan igualmente en madera, contrastando con los “huesos de la estructura”, construidos en hormigón. Otra cosa que se creyó importante rescatar del campus es su austeridad material. Esto es algo que marca y diferencia significativamente este sitio respecto de otros lugares. El lujo que existe en este campus no está ni en los detalles ni en las terminaciones, sino que descansa en aspectos como los tamaños y proporciones de sus espacios, ambas realidades que este nuevo edificio trata de recoger.
El profesor del MIT John Ochsendorf comentaba que lo que le parecía único de Chile era el hecho de que tuviéramos sismos. Creía que como arquitectos deberíamos incorporar de manera más elocuente este simple dato. Por bastante tiempo le di vueltas a esa conversación sin sacar mucho en limpio. Meses después, la Dirección de la Escuela de Arquitectura me pidió dirigir un taller de segundo año que enseñara a los alumnos a abordar las estructuras. Lejos de ser un especialista en estas materias y únicamente contando con experiencia en construcción comenzamos a enseñar allí, junto al equipo de profesores, básicamente lo siguiente: cómo utilizar la estructura no sólo en función de la mejor forma de estabilizar un edificio, sino que, junto con ello, también a utilizar la mejor estructura para cualificar un espacio.
Un simple ejemplo de esto sería lo siguiente: uno se puede preguntar cuál es la mejor solución estructural para el Túnel en nuestra facultad. ¿Es el sistema existente que combina vigas y pilares o la alternativa de vigas apoyadas sólo en los muros laterales? La solución actual, que incorpora muchos pilares de pequeñas dimensiones, cualifica el recinto; la estructura segrega las áreas de circulación de las zonas de estancia y adicionalmente los pilares puntean el espacio otorgándole un ritmo y una medida. Si fuéramos un poco más lejos, también podríamos decir que se trata de un espacio no sólo definido por sus bordes sino que también por lo que está dentro de sus límites: un carácter que está determinado por su condición de espacio denso. También enseñamos a los alumnos que la estructura de un edificio debe responder a las cargas estáticas y también a las cargas dinámicas como las del viento y, muy importante, las de los sismos. Los empujamos a preguntarse si los elementos estructurales que resisten estos movimientos dinámicos deben estar dentro o fuera de los recintos; les ayudamos a entender que si éstos están dentro las consecuencias son unas y que si están fuera, los resultados son otros. Por ejemplo: al estar fuera se liberan los recintos interiores de diagonales o muros resistentes, obteniendo en consecuencia interiores más flexibles. También se cualifican los espacios exteriores, ya que empiezan a estar colonizados por estos elementos expulsados del interior. En el edificio que aquí se presenta en estado de anteproyecto —un edificio de cuatro plantas y esquema organizativo en peineta— se trata de responder a las simples preguntas arriba mencionadas.
Por tratarse además de un edificio que se construye en medio de un campus universitario, el cuerpo construido debía ser en cierto sentido pedagógico; como diría Prouvé,  en él debía dibujarse el camino de las cargas. Con este proyecto se trata de responder entonces, entre otras muchas cosas, a dos preguntas básicas:  cómo incorporar de forma más elocuente el simple hecho de que habitamos en medio de sismos  y cómo cualificar el espacio con los elementos estructurales.

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