Elige Fuente


Hotel Explora Valle Sagrado de José Cruz Ovalle

El Hotel Explora Valle Sagrado del arquitecto chileno José Cruz Ovalle, se emplaza en el Cuzco, Perú y tiene como desafío la fuerte impronta simbólica y paisajística del valle inca y su centenario sistema de cultivo en terrazas.

Una serie de bloques longitudinales, interconectados por pasarelas y rampas, que permitieron situarse fuera de dichas terrazas a la vez que dan lugar a un recorrido panorámico, con vistas abiertas hacia los cerros circundantes.

50 habitaciones dispuestas en 4 naves emplazadas sobre los maizales aterrazados de una de las haciendas más remotas de la zona, se consagra como el centro desde donde se explora el Valle Sagrado en todas sus dimensiones.

El sitio contempla la presencia de ruinas incas, que se descubrieron mientras se excavaba el sitio, formando parte del complejo hotelero.


Arquitecto:
José Cruz Ovalle.
Ubicación: Huayllabamba, Cuzco, Perú.
Arquitectos asociados: Ana Turrell S-C., Hernán Cruz Somavía.
Colaboradores: Alberto González-Capitel, Santiago Baltar, Daniela Heredia.
Asesores: Jorge González (RG Ingenieros), Mario Wagner (madera).
Constructor: ECO Construcción SAC.
Superficie terreno: 35 hectáreas.
Superficie construida: 10.149 m2.
Año proyecto y construcción: 2012-2016.
Fuentes:  Web Explora, “Resonancias Intemporales” Revista Summa+ N°165.
Fotografías: Booking,  Roland Halbe.

 

“Valle Sagrado es naturaleza enaltecida  por la mano del hombre desde hace siglos,  con obras, huellas, vestigios,  en los que está presente un modo de hacer en el que se conjugan desde  aquellas dimensiones que pertenecen al  trabajo de la tierra  –como los andenes (presentes en el lugar del hotel)-,  hasta aquellas de orden sagrado; en todas ellas  queda en evidencia la relación que tuvieron los Incas con la tierra y el cosmos,  pues no hay que olvidar que para ellos el cosmos representa un orden sagrado. Cada vestigio es una pista.  Pero también  se da algo propio de América:  la  hibridación que aparece, tras la fundación  española,  entre la  arquitectura inca y la que traen los españoles, cosa que puede verse  en la casona Mateo Pumacahua,  que forma también parte del hotel, donde los españoles levantaron la obra sobre el mismo muro inca del andén,  tal como sucede en Cuzco.  El hecho de construir hoy una obra no puede sustraerse a la presencia gravitante  de este espesor histórico con el que este hotel busca entrar en resonancia. […] Valle Sagrado aparece siempre en la relación  de la horizontalidad y la verticalidad, entre los múltiples niveles, sus alturas y altitudes;  es el reino de los Andes con la coexistencia de la montaña y el valle. Dicho esto, creo que es necesario evitar a toda costa la literalidad tan propia de las analogías. Ella engaña  haciendo  creer que se  pueden atrapar estas cosas, cuando en realidad ellas son  esencialmente inatrapables. Una obra de arquitectura no atrapa jamás un lugar solo puede, por así decirlo,  cantarlo. Rimando su ritmo algo puede revelar de esa realidad”. (José Cruz Ovalle)

 

Visión del arquitecto sobre la arquitectura de Hoteles Explora
La arquitectura acoge el habitar  haciendo posible que  los actos cobren forma,  otorgándole al viajero una experiencia singular en cada lugar.  Los seres humanos alcanzamos cierta  plenitud en la medida que le damos  forma a las cosas y a los actos. Para ejemplificarlo: así como  la arquitectura le da forma al espacio,  la música lo hace con el sonido y la literatura con el lenguaje; los ritos y las ceremonias, no  son sino actos que tienen un orden,  porque poseen cada cual su propia forma. Primeramente la arquitectura, por así decirlo,  ha de advertir los rasgos sustantivos del acontecer para hacerlos esplender en el espacio de una obra. Solo así puede hacer de la vida de un paraje un verdadero lugar. Eso supone desentrañar, cada vez aquella forma que entra en resonancia con aquel acontecer,  con su propio ritmo  que lo hace lugar,  único e irrepetible;  tal es el caso  de Atacama, Patagonia, Rapa Nui y el Valle Sagrado.

Creo que en este ordenamiento y en este amor por la forma es que se distingue, tal vez la arquitectura de explora. Un ejemplo de cómo se construye esta forma se tiene en el hecho de que  los viajeros no son introducidos en los lugares de un golpe,  al modo de la vida urbana,  sino que proponemos  siempre un determinado tiempo y espacio para acceder a los hoteles. Esta dilatación del tiempo y elongación del espacio son distintas en cada lugar, pero consiguen una aproximación gradual a la experiencia de ese o aquel lugar.
Para explora, es fundamental que su arquitectura permita tanto un viaje externo como uno interno, y por lo mismo no se piensa desde una idea de funcionalidad;  no se trata de funciones sino de actos. Del mismo modo,  cuando  los viajeros están explorando un paraje nuevo,  el lugar que se habita durante un viaje debe ser descubierto paso a paso. Esta expresión  es clave en todo lo que hace explora: abrir la posibilidad de descubrir.
Por todo lo anterior,  los hoteles de explora cuidan integrar sus espacios en una totalidad, por ello no se propone un único cuerpo con áreas comunes, dormitorios,  terrazas, etc.,  sino el hecho de enlazar  espacios más complejos que recojan la posibilidad del movimiento,  haciendo del simple pasar un verdadero  pasear. La arquitectura de explora busca así,  acompañar el ritmo del lugar, motivo por el cual cada obra tiene su propio fundamento en relación al enclave donde está emplazada y a las singularidades de cada paraje.


Memoria del autor

Esta obra se emplaza en un estrecho valle entre montañas, dentro de un pequeño campo de aproximadamente treinta y cinco hectáreas, conformado por andenes y muros incas, e un área arqueológica de gran valor.

El Valle Sagrado nos pone ante la naturaleza trabajada por el hombre durante siglos, haciendo presente esa relación de los incas con la tierrra y el cosmos, y ante aquellas obras de la fundación española en América, como la casona aún en pie dentro de este campo (donde se sitúa el spa), levantada sobre uno de los muros incas del andén, tal como sucede en la ciudad de Cuzco.
El concebir la arquitectura de este hotel no dejó a un lado la presencia de este espesor histórico, por el contrario, buscó entrar en resonancia con él. Resonar, precisamente, con ese acorde entre la vertical y la horizontal de terrazas y andenes, y su relación entre las múltiples alturas y altitudes, cuya coexistencia permiten la montaña y el valle: una suerte de reino arquitectónico inventado por los incas.
El dilema arquitectónico consistió en llevar a cabo una espacialidad que, haciendo eco de esta invención inca, alcanzara un grado de abstracción arquitectónica en la proposición del espacio, y simultáneamente cumpliera los requerimientos entregados por el Instituto Nacional de la Cultura del Perú, respecto a materiales a utilizar y geometría de las envolventes de las edificaciones. Por ello la obra se emplaza, precisamente, en el encuentro entre el plano inclinado del cerro y las horizontales de los distintos andenes; entre los muros de las antiguas terrazas incas y el campo cultivado, ante la lejanía de las altas cumbres nevadas hacia el norte.
La arquitectura cuida así que el campo pueda seguir siendo campo cultivado, como lo ha sido por siglos, sin intervenir con la jardinería ni demás decoraciones paisajísticas. Se formalizan así, entre el cerro y los distintos cuerpos construidos del hotel, alargados patios que dan forma a un paseo que asciende y desciende, acompañando el ritmo de los andenes, de modo que la horizontal siempre custodia a la vertical.

De este modo, enlazados a los patios, los corredores de madera elevados, con sus rampas, pasarelas y escaleras, que conectan los diferentes cuerpos construidos del hotel y sus distintos niveles, otorgan una espacialidad arquitectónica que busca resonar con el lugar.
Espacialidad nueva, en cuanto despliega un leve giro, entre los cuerpos construidos y sus patios, al introducir la transversal abriendo el escorzo.
Pues todo paseo -a diferencia de una calle- lleva junto a su dimensión longitudinal la dimensión transversal. Tal cosa señala el grado de abstracción de esta obra, velada en principio por su apariencia obligadamente vernácula.

Aquella misma abstracción con la que el cuerpo central despliega su vacío interno, bajo ese tradicional manto, el que da cabida a la simultaneidad de circulaciones y lugares diversos, en una continuidad espacial no homogénea, que acoge la vida de este hotel.
La materia con la que se construye el hotel, la piedra, los embarres de sus muros con tierras y pigmentos naturales, y la madera, todos ellos materiales opacos, evitan el destello de cualquier brillo y permiten que su arquitectura no venga a irrumpir, sino a asentarse mansamente en el entorno.

Tags

Hotel Explora en Perú de José Cruz Ovalle, Hotel Explora Valle Sagrado, Hotel Explora Valle Sagrado de José Cruz Ovalle, José Cruz Ovalle

Contáctenos
Los campos marcados con * son obligatorios.
*
*
*
  
*
* Ingrese código: captcha