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Museo Naval y Marítimo de Benavente + Rudolphy + Soffia

Este encargo de la Armada de Chile tiene como fin la remodelación de una parte del Museo Naval y Marítimo de Valparaíso.

Se incorporan nuevos programas, a través de estudios acabados en museografía, historia y sustentabilidad. Se desarrolla el proyecto patrimonial a través de una visión abierta y en diálogo con el pasado.

Autor: Roberto Benavente (Profesor Universidad Finis Terrae y Universidad Austral de Chile), Gabriel Rudolphy (Profesor Universidad Andrés Bello), Alejandro Soffia Profesor (Universidad Andrés Bello).
Equipo profesional: Roberto Benavente (Museografía), Ramón Castillo, Leonor Castañeda (Guión museológico), Patricio Valenzuela, José Miguel Mingram, Sylvia Pinto, Juan Adasme, Arturo Aldunce, Fernanda Aliaga, Erna Becerra, Edith Carrasco, Raúl Catalán, Marco Fernández, Cecilia Guzmán, Ricardo Jara, Marcos Mera, Eduardo Rivera, Eduardo Sánchez, Vivian Sievers, Raimundo Silva, Doris Valdeavellano, Eric Vergara, Karen Villarroel (Armada).
Colaboradores: Javier Arango (Restauración) y José Sagredo.
Mandante: Armada de Chile.
Ubicación: 
Subida Artillería s/n, cerro Artillería, Valparaíso.
Superficie terreno: 35.166 m2.
Superficie construida: 9.547 m2.
Cálculo: Servicio de Obras y Construcción de la Armada Soca.
Especialistas:  José De Nordenflycht (Estudio Histórico)/ Fernando Sarce, Alex Becker, Laboratorio de Bioclimática uach (Estudio Bioclimático).
Año proyecto: 2009-2010.
Año construcción: 2010-2015.
Materiales: Materialidad estructura metálica, tabiquería en madera y adobe, revestimientos en granito y en adobe con paja y lata.
Publicaciones: ARQ 73 Obras y Proyectos, artículo 11.
Fotografías: autores.

La ciudad dentro del proceso de desarrollo.
La arquitectura en Latinoamérica, entendida como periferia del nuevo mundo, alejada de los centros económicos y de poder, se funda en un cierto régimen de tiempo que permite una anticipación que podríamos llamar inaugural. Este fenómeno tiene que ver con la mutación del régimen de temporalidad en el cual vivimos. A través de los siglos, las ciudades se fueron realizando con aquello que reconocemos hoy como obras mayores.

En su tiempo no fueron meras respuestas a necesidades inmediatas sino, sobre todo, a una visión de lo que sería mejor para la vida y goce del espíritu de los que vendrían. Esto es posible mientras se tiene el tiempo. Hoy con la evolución de la tecnología, donde muchas invenciones apuntan a reducir el tiempo de realización de cada tarea y, por otra parte, las leyes de la economía imponen un retorno de inversión cada vez más rápido, todo esto tiende a una contracción del tiempo y a comprender o a hacer desaparecer el tiempo extendido. Cada uno puede percibirlo en su propia vida. Hasta una época muy reciente vivíamos rodeados de edificios, de medios de transporte, de objetos domésticos o útiles de trabajo que tenían una vida útil más larga que la vida humana.

Esto hacía que estos objetos urbanos o cotidianos no sólo tenían un valor de uso, sino que eran también vectores de un tiempo, de una memoria, de un depósito de humanidad que nos pasábamos de mano en mano. En una circunstancia como esta las artes, la arquitectura o la poesía son más necesarias que nunca. Pensamos que la arquitectura permite redilatar el tiempo, darle una profundidad a la relación que se tiene con la ciudad, a la participación de la belleza en común que entrega la energía que acoge nuestros actos cotidianos. Pero esto es posible también porque una obra no “cae con la última lluvia especulativa”.

Todo artista o arquitecto consecuente se está alimentando de una memoria y de una tradición, incluso si rompe justamente con ella en su obra individual. Esta introspección es necesaria para sostener una actitud creativa que supere la moda o la búsqueda del éxito social. En todo caso cada cual debe atravesar por esto. Debemos poder mirar con un ojo diferente, fresco y renovado las obras del pasado.

No se trata de borrar el tiempo, se trata del diálogo de temporalidades. La sostenibilidad tiene eminentemente que ver con esta cuestión de la temporalidad y de la re-dilatación del tiempo, en un período o momento histórico que tiende a comprimirlo a obras de arquitectura que riman más con los estándares de la bolsa, que con las aspiraciones ciudadanas; a lugares que del consumo sólo ofrecen aquel que esclaviza y endeuda.

No es el consumo de obras de arte, de poesía, de música o simplemente de la belleza de un entorno natural preservado. Estas consideraciones, aparentemente desvinculadas del quehacer arquitectónico, son en realidad las que nos permiten tener una postura frente a proyectos patrimoniales.

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Alejandro Soffia, Gabriel Rudolphy, Museo Naval de la Armada de Chile, Museo Naval Marítimo de Benavente Rudolphy Soffia, Roberto Benavente

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