disenoarquitectura.cl-Cerros Isla-Fco Walker_Plano Gral Cerros

Plano General de Cerros Isla, elaborado por la Fundación Santiago Cerro Isla (sin leyendas)

disenoarquitectura.cl-Cerros Isla-Fco Walker_26 Cerros

Plano de Ubicación Cerros Isla, elaborado por la Fundación Santiago Cerro Isla (con leyendas)

Láminas finales

Zócalo Sur

Láminas finales

Parche Hasbún: Campus San Bernardo

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Parche Hasbún

Láminas finales

Parche Adasme: Jardín Botánico de Santiago

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Parche Adasme

Láminas finales

Parche Negro: Vivero Metropolitano

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Parche Negro

Láminas finales

Parche Los Morros: Humedal Río Maipo

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Parche Los Morros

Láminas finales

Cumbres

Cerros Isla: Sistema de Parches Integrados-Corredor Verde San Bernardo de Francisco Walker Martínez

La propuesta Sistema de parches integrados del equipo liderado por Francisco Walker Martínez se adjudicó el Primer Lugar del Concurso Cerros Isla para el Corredor Verde de San Bernardo.

Con el patrocinio del Gobierno Regional Metropolitano de Santiago, la Ilustre Municipalidad de San Bernardo y el Colegio de Arquitectos de Chile, este concurso buscó poner en valor el potencial de los recursos geográficos de la comuna de San Bernardo en el sistema de cinco cerros isla de Santiago (Chena, Hasbún, Adasme, Negro y Los Morros) y su red hidrográfica, a través de la configuración de un corredor verde de alto valor ecológico y paisajístico a escala metropolitana, y de alto valor social y urbano para el área sur de la capital chilena.

Autor: Francisco Walker Martínez.
Equipo profesional: Alejandra Vásquez Díaz, Juan Ramón Samaniego L’Huiller, Francisco Javier Salas Hernández, Lucas Mateluna Espinosa, Santiago Rojas Alessandri, Martín Fonck Larraín, Inés Macarena Burdiles Araneda, Francisco Chateau Gannon.
Ubicación: San Bernardo, Región Metropolitana.
Año proyecto: 2015.
Publicaciones: “Memoria del Proyecto: Cerros Isla: Sistema de Parches Integrados- Corredor Verde San Bernardo”  e ” Integración de los cerros isla al sistema de áreas verdes de Santiago 2011 ” por Rosanna Forray, Eduardo Arellano, M. Catalina Picón, Ignacio Fernández, Antonia Besa, Etienne, E.Franc, Fernanda Ruiz.
Premios: Primer Lugar del Concurso Cerros Isla para el Corredor Verde de San Bernardo.
Fotografías: Santiago Cerros Isla (Guy Wenborne).

 

LOS CERROS ISLAS DEL ÁREA METROPOLITANA DE SANTIAGO
El 91% de las áreas verdes de la ciudad tiene un tamaño menor a 5.000 m2 y en las comunas de menores ingresos, estas no superan los 1.000 m2. Los cerros, por su parte, presentan superficies que van desde las 2,6 há (Cerro Navia) hasta 1.692 há (Cerro Lo Aguirre) y por ende, son susceptibles de contribuir poderosamente a formar un subsistema de parches naturales de gran tamaño, dentro de una red de áreas verdes menores –parques, plazas y jardines– vinculados entre sí por corredores verdes y cursos de agua, a distintas escalas.


LA PRESIÓN URBANA
Hoy, la mayoría de los cerros se ven enfrentados a una presión urbana importante en lo que se refiere al uso de los suelos. Por una parte, en las comunas del cono de alta renta, estos se encuentran bajo presión inmobiliaria, reflejado en los precios de suelo de las zonas aledañas que llegan
hasta 30 UF/ m2. Consecuentemente, la urbanización poco a poco ha ido remontando los cerros, muchas veces a través de movimientos de suelo altamente agresivos a su geomorfología.
Esta situación se da en 11 de los 21 cerros estudiados, especialmente en aquellos situados en la zona Nororiente (Alvarado, Dieciocho, Del Medio, Los Piques, Calán, Apoquindo, Jardín Alto y San Luis) y en las zonas de urbanizaciones más recientes (Lo Aguirre, Renca, Las Cabras). Por otra parte, en las comunas de baja renta, los valores de suelo fluctúan entre 4 y 5 UF/m2, encontrándose bajo presión por suelo urbanizable para vivienda social, o bien, ya sufren de la implantación de actividades mineras o industriales (La Ballena, Las Cabras, Lo Aguirre, Negro y Chena).
Si la urbanización rodea a la mayoría de los cerros en todo su contorno, el diseño del encuentro de la trama urbana con el pie de los cerros no ha sido bien resuelto, reforzando el aislamiento ecológico del mismo. Actualmente no existe un perfil de calle específico –de hecho varias autopistas corren por sus bordes– ni un razonamiento claro para el diseño de la trama urbana adecuados para resolver esta convergencia entre lo natural y lo construido, en la frontera entre cerro y ciudad, generándose espacios inhóspitos, deshabitados y en muchos casos deteriorados e inseguros. La apertura de calles sólo ha resuelto el tráfico vehicular, aislando al peatón y desestimando las potenciales continuidades tanto con los cursos de agua como con las calles principales que podrían ser pensados como vías verdes, en la perspectiva de tejer una red y a la vez constituir un aporte a la accesibilidad a los cerros.


CONECTIVIDAD

La mayoría de los cerros presenta buena conectividad vehicular a través de autopistas urbanas (Acceso Sur, Costanera Norte, Américo Vespucio), posibilitando una aproximación a los cerros desde grandes distancias. Sin embargo, este medio de transporte es el menos indicado para acceder a ellos, las propias autopistas fragmentan en varios casos la relación del cerro con el tejido urbano próximo, constituyéndose como límites que atentan contra sus condiciones medioambientales y amenazan su accesibilidad.
En cuanto al transporte público, si bien la red de troncales ofrece un acercamiento a los cerros, la conectividad próxima se hace difícil para los cerros localizados en comunas de menores ingresos (Renca, Chena, Negro, Los Morros, Hasbún, Blanco y Dieciocho), ya sea por el hecho de no constituir hasta hoy una demanda crítica que justifique la llegada hasta sus pies, o bien, por la presencia de autopistas que limitan el acceso. Sin embargo, esto no debiera ser un problema si los medios de transporte pasivos, como la bicicleta y la caminata, se articulan al transporte motorizado y a los cerros, conformando un sistema de espacios públicos vinculados a través de vías verdes.


DISTRIBUCIÓN DESIGUAL DE LAS ÁREAS VERDES DE LA CIUDAD

Santiago tiene un promedio de 3,5 m2 de áreas verdes por habitante, lo cual es muy inferior a los estándares internacionales que proponen al menos 20 m2, cifra incluso superada en muchas ciudades europeas. Estas áreas verdes se encuentran además desigualmente distribuidas en la ciudad. Según fuentes de la SUBDERE, las comunas de más altos ingresos poseen una superficie de áreas verdes mantenidas per cápita que se acerca al de los países desarrollados (entre 9,5 y 12 m2/hab), mientras las comunas de menores ingresos poseen superficies que a veces no alcanzan al metro cuadrado por habitante. Esto genera inequidad social respecto al acceso a áreas de recreación y esparcimiento, y consecuentemente, diferencias en la calidad de vida. De hecho, en Santiago, coinciden las comunas que tienen menor cantidad de áreas verdes por habitante con aquellas con un bajo Índice de Calidad de Vida Urbana, presentando principalmente problemas relacionados con los ámbitos de salud (stress y enfermedades respiratorias) y de seguridad; todo lo cual, afecta directamente al modo de convivencia y desarrollo de las comunidades.
Por su parte, la localización de los cerros isla presenta el patrón opuesto a la distribución de áreas verdes en Santiago ya que más de un 70% de la superficie total de los cerros se emplaza en zonas de estratos socioeconómicos medios y bajos. De los 21 cerros isla estudiados, 15 se ubican en comunas donde el índice de calidad de vida es inferior a la media nacional.
Los cerros isla, abren por lo tanto, una oportunidad para revertir esta desigualdad. Tal como lo muestra el Gráfico 1: Áreas verdes por comunas, haciendo una estimación del máximo potencial de aporte en m2 de área verde por parte de los cerros a las comunas –suponiendo que la totalidad de la superficie del cerro acogiese vegetación con mantenimiento– se observa que aquellas comunas que más metros cuadrados por habitante incorporarían por concepto de los cerros isla, son las de menores ingresos: Pudahuel (43,2 m2/hab), San Bernardo (31 m2/ hab), Renca (31,2 m2/hab), Quilicura (33 m2/hab) y Maipú (17,2 m2/hab).


LA RELACIÓN SOCIOCULTURAL CON LOS CERROS
En contextos sociales vulnerables, la proximidad a cerros puede constituir un factor de amenaza a la seguridad ciudadana. Análisis sobre la ciudad insegura han postulado teorías explicativas centradas en cierto tipo de determinantes (diseño espacial, déficit de espacio público, desempleo y pobreza, marginalidad juvenil, desarticulación comunitaria, entre otros) y han destacado la importancia de la recuperación de espacios degradados dentro de las políticas públicas preventivas.
La percepción de seguridad de un espacio público es variable y depende de los grupos etarios que los utilizan, del tipo de actividades desarrolladas y de la cohesión que existe en las comunidades. Al analizar la percepción de seguridad en conjuntos de vivienda social, surgen tres observaciones relevantes a considerar en la ejecución de los parques: la necesidad de apropiación de los espacios públicos por parte de los habitantes y la presencia o ausencia de comunidades cohesionadas en los barrios pobres; la alternancia en el uso de los espacios públicos por parte de distintos grupos; y la percepción de seguridad como construcción social, que alude a temores cotidianos y a problemas de cohesión local.
En el caso de los cerros, la percepción de seguridad depende también del tamaño, la forma y el control existente. Si bien la topografía permite ejercer dominio visual a distancia desde la altura, no ocurre lo mismo a proximidad, donde el control visual es mínimo debido al relieve. Esto constituye un factor clave y determinante del diseño de espacios públicos en los cerros, e implica por una parte, dosificar el tamaño de los parques, circunscribir y delimitar las distintas gradientes de control de acceso, y por otra, promover los procesos de identificación social y simbólica con los cerros a escala local y metropolitana.


PROBLEMAS DERIVADOS DE LA NORMATIVA E INSTITUCIONALIDAD

Una serie de factores obstaculizan la integración de los cerros isla en un sistema integrado de áreas verdes en Santiago:
• La ausencia de un concepto propio para definir qué es un cerro isla y cuál es su rol en el territorio urbano y de la cuenca.
• La inexistencia de una política de protección, conservación y recuperación de áreas degradadas que incorpore un enfoque territorial, a escala de la cuenca de Santiago, de las áreas naturales que componen el valle y su relación con la matriz de la ciudad.
• La existencia de una acción pública más centrada en el urbanismo reglamentario que en el urbanismo operacional.
• Una institucionalidad que refleja la carencia de dicho enfoque territorial, y está centrada en las funciones regulatorias más que en las funciones de gestión y ejecución, cuya consecuencia es la dispersión y superposición de atribuciones y funciones, con una débil autonomía y coordinación en el manejo de los recursos, y una débil capacidad de acción concreta y sostenida a escala de la ciudad y el valle en su conjunto.
• Una estructura de la propiedad que amenaza la integridad ecológica de los cerros y debilita su rol en el sistema natural y urbano de la ciudad.


AUSENCIA DE UN CONCEPTO

Los Cerros Isla no están reconocidos como tales en los instrumentos ni normativa de planificación urbana en nuestro país; la Ley General de Urbanismo y Construcciones (LGUC) y la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC) no los consideran. Tampoco cuentan con una definición propia en los instrumentos de planificación territorial, es decir en los planes reguladores intercomunales y comunales, donde están identificados solamente en su categoría de suelos con usos y restricciones, y no cuentan con un concepto que reconozca sus especificidades geomorfológicas, sus valores ecológicos, y que desde allí, defina su estatus y el rol que debieran jugar como parte del territorio natural y urbano de las ciudades.
El hecho de no contar con un concepto específico para referirse a los cerros isla es muy sintomático de cuál es el rol que se les asigna en general dentro del territorio de Santiago y dentro de su sistema de áreas verdes. Esto pone en evidencia que no han sido entendidos en su configuración como unidades geomorfológicas, no se ha reconocido su interés como parte del ecosistema del valle, ni su atractivo paisajístico y/o cultural o su relación con la urbanización, poniéndolos en una situación de fragilidad frente a eventuales cambios en la normativa, que amenaza su conservación y uso. De esta indefinición, se desprende una serie de problemas, tales como la dispersión y la fragilidad normativa, así como la fragmentación institucional.

Ver:  Tabla 1: Superficies protegidas por PRMS


PROPUESTA

Desde la perspectiva de una política pública, la integración de los cerros isla al sistema de áreas verdes de Santiago tiene dos objetivos: uno de orden social y otro de orden paisajístico/ecológico; y a su vez, dos escalas territoriales en las cuales éstos de debieran guardar coherencia: la escala metropolitana y la escala de proximidad.
Una propuesta que responda a cabalidad ambos requerimientos es de una complejidad que va más allá de este estudio, y exige la producción de una base de información mucho más detallada y consistente que la que se encuentra disponible y aún dispersa en múltiples registros e instituciones. Sin embargo, nos parece esencial tener esta dificultad en cuenta a la hora de definir las bases para la elaboración de una política pública en esta materia.
Por ello, sin dejar de reconocer estos hechos, apuntaremos en la propuesta tres puntos de partida en primer lugar, una clarificación sobre qué tipo de intervenciones es pertinente considerar; en segundo lugar, esbozaremos una estrategia de intervención vegetacional en dos partes: la construcción de parques públicos en la microescala y la rehabilitación de las capas vegetales en la macroescala de los cerros; finalmente centraremos la atención en los procesos institucionales, y un marco de acción más procedimental que normativo, orientado a poner en práctica una política respecto al rol y el tratamiento de los cerros isla en la ciudad.

Ver: Tabla 2: Intervención según pendientes


CONSTRUCCIÓN DE PARQUES SUSTENTABLES EN LOS CERROS ISLA

Se busca generar un gradiente de naturalidad mediante la creación de zonas de amortiguación o buffers entre la trama urbana perimetral y las áreas que se desea recuperar. Estas zonas buffers son áreas seminaturales, que podrían tener características similares a un parque urbano (ciclovías, zonas  deportivas y de asados, explanadas, sedes sociales), y que cumplirían un doble rol en el diseño de los parques naturales.El primero es servir como un espacio de esparcimiento para la comunidad, y el segundo actuar como un área de amortiguamiento que separe las áreas de conservación de la matriz urbana. Este tipo de diseño es el que actualmente se propone como una de las mejores alternativas para el diseño de parques naturales al interior de las ciudades.
Respecto al componente económico, el diseño de los parques no sólo debe buscar hacer económicamente atractiva su implementación como elemento dentro del paisaje urbano, sino que también se deben considerar aquellos elementos que se traduzcan en un ahorro de recursos en mantenimiento. Dentro de estos costos uno de los más significativos lo constituye el riego.
Las opciones son generar parques tipo jardín, con grandes explanadas de pastos y predominancia de especies exóticas, cuya mantención probablemente requerirá un desembolso permanente de recursos para riego; o bien, generar un parque similar al ecosistema natural propio de la región geográfica, con predominancia de especies nativas, cuyos costos de mantenimiento serán considerablemente menores. Se propone aquí la segunda opción, que además de ser menos onerosa, valoriza el paisaje local como patrimonio colectivo y abre un vasto campo de exploración en el diseño.
El componente ecológico es quizás uno de los puntos más relevantes a la hora de diseñar un área verde de grandes proporciones, ya que el mayor desafío es crear una cobertura vegetal que se arraigue con éxito y que en lo posible requiera de pocos recursos para su mantención. La decisión de qué especies utilizar para crear una cobertura vegetal es vital y debe tomar en cuenta tanto los aspectos abióticos del sitio, como clima, orientaciones y pendientes, así como los requerimientos específicos de las diferentes especies de vegetación disponibles para ello.

Ver: Infografía Servicios Sistémicos Cerros Isla


TIPOS DE ÁREAS VERDES PARA LOS CERROS
Teniendo en cuenta el rol social y paisajístico que se espera cumplan los cerros isla dentro del sistema urbano, así como sus características geomorfológicas, los tipos de suelo y su tamaño, y particularmente la necesidad de visualizar cómo distribuir la carga financiera y el trabajo que requiere la creación, rehabilitación y mantenimiento de las áreas verdes; distinguimos los siguientes tipos de intervención:

Parques Públicos. Se debieran construir prioritariamente en las quebradas o en los faldeos de menor pendiente, contar con buena accesibilidad desde los barrios del entorno, ser abiertos a la ciudad pero claramente delimitados del resto del cerro, de tamaño controlado para garantizar seguridad y control social, así como la posibilidad de ser mantenidos por agentes de la comunidad; y ser destinados a recreación, cultura, deportes.

Áreas de actividad agrícola.
Huertos comunitarios e iniciativas ambientales y privadas. Son un poderoso factor potencial de cohesión social y de generación de ingresos, en particular en relación a los cambios en los hábitos alimenticios de un creciente sector de la sociedad actualmente. Se debieran construir en pendientes suaves, tener acceso y delimitación controlados, y buena conectividad motorizada.

Áreas de conservación y senderismo. Estas –junto con las áreas de preservación– constituyen la gran masa de áreas verdes de los cerros y debiesen ocupar pendientes moderadas, fuertes y muy fuertes (entre 5 y 30 grados). Deben tener acceso restringido y bien delimitado, pues son lugares menos seguros y su vegetación requiere protección asegurada.

Áreas de conservación y preservación. Son las de pendientes escarpadas y acantiladas. Debiesen ser inaccesibles a público en general, o sólo accesibles para actividades específicas.

Una propuesta de integración de los cerros isla al sistema de áreas verdes debiese por lo tanto, considerar una doble estrategia: por una parte ofrecer a la comunidad, y en colaboración con ella, espacios de recreación seguros, abiertos, apropiables y fácilmente controlables; y por otra parte, controlar las proporciones y las relaciones de estos espacios respecto al resto de las superficies del cerro que serán objeto de rehabilitación y preservación a través de otras medidas. Junto con esto, es de gran importancia tener en cuenta la relación interactiva entre la ciudad y el cerro en sus áreas de frontera, debido a la alta tensión de los componentes ecológicos presentes en ellas. Siendo este ecotono un lugar frágil y de fácil destrucción, se debiesen considerar tanto los elementos ecológicos convergentes, como los elementos urbanos y paisajísticos en el diseño de este nuevo espacio público.


ESTRATEGIA PARA LA RECUPERACIÓN DE LA VEGETACIÓN EN LOS CERROS

La clave es sectorizar los cerros en función de sus características ambientales y morfológicas, y utilizar especies y estrategias de revegetación que permitan replicar las dinámicas de recuperación naturales propias de los ecosistemas vegetacionales de la región. Una especial atención a su geomorfología permite promover la protección y recuperación de zonas frágiles. Sus usos potenciales se pueden diferenciar de acuerdo a las restricciones topográficas y de relieve que se encuentre en cada uno de ellos. Del mismo modo, las características de las pendientes, la erodabilidad de los suelos y sus orientaciones, permiten definir la capacidad de carga, el origen y la fisonomía de la vegetación, así como las comunidades vegetacionales que se pueden conseguir.

• En zonas de pendientes suaves en los faldeos de los cerros es posible pensar en la incorporación de especies introducidas para el cultivo alimentario. • En la medida que las pendientes aumentan, los sistemas son más frágiles y complejos de recuperar. El énfasis de selección de especies se orienta hacia la conservación y preservación, favoreciendo la recuperación de biodiversidad y protección de especies dentro de la ciudad.


SOBRE EL DISEÑO Y LA CONSTRUCCIÓN

Se propone que el diseño de proyecto de cada cerro isla se base en la diversificación de las intervenciones según su geomorfología, de acuerdo a los tipos de intervención por clasificación de pendientes definidos en el apartado de la propuesta ecológica.

Contorno bajo de los cerros: Se busca concentrar las intervenciones de espacio público urbano generando parques urbanos de zócalo, recorridos de cintura de cerro que siguen una cota. Dada la ubicación estratégica del piedemonte, comprendida como zona mediadora entre el área recreacional que es el cerro y su contexto urbano inmediato (en muchos casos socialmente vulnerable), se propone definir programas edificados (educacionales, deportivos, agrícolas, etc.) y paseos que acojan usuarios de todas las edades. La definición del programa dependerá de las necesidades e identidad de las comunas en particular; y la dimensión de este buffer dependerá de la pendiente del cerro en su encuentro con la ciudad, ampliándose en sectores de pendientes horizontales, suaves o moderadas, reduciéndose en pendientes fuertes, e incluso desapareciendo en sectores escarpados o acantilados.

Las quebradas:
Son un elemento ecológico y geomorfológico fundamental del cerro al ser conectores entre el piedemonte y la cima, y al condensar una mayor diversidad de especies. Son generalmente empinadas, y por ende su uso es deportivo-recreacional. Con intervenciones mínimas, se propone hacer de ellas espacios públicos consolidando recorridos de paso, que podrían extenderse más allá de los límites del cerro. Con ello se contribuye a reconstituir la red ecológica del valle, ya que las quebradas se articulan con los cursos de agua. En aquellos cerros que no cuenten con quebradas, la intervención de los parques podría hacerse en lomas horizontales y suaves, y será limitada a  superficies que sean susceptibles de mantener por los actores locales y sus usuarios (municipios comunidades o asociaciones). Para el resto de estas áreas, se propone destinarlas a actividades agrícolas, sean privadas o comunitarias.

La Cima:
Es la meta, el remate. Corresponde a un hito de la ciudad y entrega vistas panorámicas que permiten reconocer el paisaje de promontorios del valle de Santiago. Se propone la consolidación de programas similares a los de pendiente horizontal, suave o moderada, o bien, el diseño de miradores puntuales en aquellos casos de pendientes elevadas. En las lomas escarpadas y acantiladas se mantendrán en su estado natural y/o serán rehabilitadas en según sus pendientes, su acceso será controlado y únicamente se consolidarán senderos que permitan ascender a la cima. En general se reforestará mediante procesos de revegetación por etapas, acordes al estado de degradación de cada cerro. Para ello, se hace prioritario integrar el conocimiento de los ecosistemas de la zona central de Chile, según recomendaciones establecidas y tomando en cuenta las características topográficas del terreno (exposición, pendiente, altura) con el fin de disminuir los costos de mantención.

 

 

MEMORIA DEL ARQUITECTO
En el contexto actual de expansión urbana sobre zonas rurales, la transformación de los espacios productivos hacia áreas urbanizadas ha fragmentado el reconocimiento de una identidad territorial del paisaje productivo del valle central, históricamente retratada en la obra de artistas nacionales. Junto al proceso de desarrollo de la ciudad los límites urbanos han cambiado, entendiéndose los espacios rurales aledaños a la zona urbana como sitios a la deriva y sus bordes como un límite rígido y divisor de una unidad de paisaje.
No obstante, dicho proceso de desintegración espacial ha contribuido a difuminar los límites territoriales y el sentido de lugar, abriendo una oportunidad para reformular el diálogo entre campo y ciudad. Asumir la condición de encuentro entre lo urbano y rural en el paisaje puede potenciar nuevos sentidos de lugar por medio de la formulación del límite como un espacio dinámico de interacción entre ciudad y ruralidad que permitan conocer, utilizar y significar al paisaje en su conjunto.
Antes de proponer el rescate exclusivo de identidades locales vinculadas históricamente al territorio, asumir el carácter dinámico de dichas identidades en los procesos de transformación urbano-rural, permite sugerir que los espacios de encuentro en el paisaje pueden ser fuentes fundamentales en la configuración de nuevos sentidos de lugar e identificación socio-ecológica.

I) VISIÓN

A) El Rol de San Bernardo en el paisaje urbano-rural
Los cerros del valle de Santiago son “cerros isla” solo en la medida en que consolidan sus límites respecto a la ciudad y, en cuanto son reconocibles como unidades dentro del paisaje urbano, capaces de afirmar una unidad diferenciada del contexto en el que se insertan. Son varios los casos en que la falta de protección de sus límites han dado paso a su destrucción como piezas urbanas, los cerros Apoquindo, Dieciocho y San Luis son ejemplo de ello. Sin ir más lejos, los mismos cerros que conforman el CVSB presentan ya las primeras huellas de esta tensión entre cerro y ciudad, que, en caso de no abordarse de manera adecuada, podrían sufrir un destino similar a los mencionados anteriormente.
De acuerdo al PRMS100 Santiago presentará un importante crecimiento urbano, el cual impactaría directamente en la comuna de San Bernardo, comuna que puede ser entendida como un límite urbano-rural de la ciudad. Desde esta perspectiva San Bernardo se envolverá en un proceso de urbanización que disminuiría sus áreas productivas y aislar sus elementos territoriales como lo son sus cerros y el río Maipo.
San Bernardo tiene la oportunidad de actuar como precedente en la construcción del nuevo límite entre campo y ciudad, en donde el sistema de cerros Chena-Hasbún-Adasme-Negro-Los Morros y el río Maipo se planteen como un área de transición a escala metropolitana y comunal entre ambos mundos y al mismo tiempo como corredor de elementos territoriales que reconstruyen y reformulan la experiencia del paisaje rural y productivo del valle central en coherencia con las condiciones dinámicas de la urbanización en forma pública y abierta para la educación y recreación de sus ciudadanos.

II) ESTRATEGIA
1. SISTEMA DE PARCHES CERRO-CIUDAD
Con el propósito de instalar además de una visión, un modelo de gestión asociado al proceso de activación y conservación del Corredor Verde de San Bernardo se propone que este sea desarrollado como un sistema de parches sostenibles (Stepping stones), abierto a un etapamiento temporal y métodos paralelos de financiamiento y administración con el objetivo de acoger en el diseño los tiempos y actores de la gestión barrial, municipal y regional.
Estos parches buscan construir una relación simbiótica entre cada cerro y la ciudad, integrando servicios funcionales que median entre la comunidad inmediata y el área de conservación de los elementos territoriales, a través de la formulación de parques programáticos simultáneamente recreativos y productivos.

B. CUATRO OPERACIONES VERTICALES
PRIMERA. CONSTRUIR BUFFERS PERMEABLES Y DINÁMICOS. ACTIVAR EL CERRO: Membrana urbana que regula los flujos e intercambios entre el cerro y la ciudad. Estas áreas funcionan como límites permeables que aceptan actividades de carácter recreativas, productivas y educativas de orden local y metropolitano que tienen como objetivo disminuir el impacto erosivo de la ciudad, aumentar las áreas recreativas y productivas y potenciar la movilidad de la fauna local.
Dentro de los elementos y programas que puede acoger esta membrana se encuentran centros de producción y formación en agricultura urbana, huertos comunitarios, clusters de biodiversidad, áreas de producción forestal, y diversas zonas recreativas.
Estos buffers se conectan entre sí mediante corredores urbanos trazados sobre avenidas y calles existentes en las que se propone la renovación del perfil vial a través de ciclovías, canales, canaletas y arboledas mixtas de especies exóticas y nativas de bajo requerimiento hídrico.

SEGUNDA. HABILITAR UN ZÓCALO. RECORRER EL CERRO.
Con el objetivo de conquistar las relaciones visuales entre los cerros y la ciudad se propone un anillo de movilidad para peatones y ciclistas sobre los 20 metros de altura que permita posicionarse sobre las copas de los árboles y edificaciones del manto urbano. La construcción de este zócalo permite traspasar la escala inmediata de lo construido con el fin de alcanzar una experiencia de ciudad de orden territorial en la que, a través del recorrido en altura, comparece el paisaje del valle central. Este zócalo corresponde al límite entre el buffer y el cuerpo del cerro.

TERCERA. CONSERVAR ATRIBUTOS PAISAJÍSTICOS Y ECOLÓGICOS. PROTEGER EL CERRO: Con el fin de conservar las especies de flora y fauna nativa del valle central, se plantea la restauración gradual, acompañada de infraestructura educativa que permita conocer y valorar los atributos ecológicos del paisaje en el cuerpo de los cerros. Esto se alcanza a partir de mínimas intervenciones de activación y protección, como la reforestación de quebradas, la delimitación de recorridos e implementación de señalética y mobiliario básico, formando con esto senderos interpretativos. Lo anterior, a partir del enriquecimiento con especies nativas de los ecosistemas de referencia de cada quebrada y orientación (ladera, pendiente, textura de suelo, etc).

CUARTA. CONQUISTAR CUMBRES. VER DESDE EL CERRO: Reconocimiento de las cumbres como lugares con vocación de paisaje metropolitano a través de la habilitación de infraestructuras de observación. Esta operación busca hacer aparecer el sistema de cerros del valle a partir del reconocimiento visual de sus cumbres.

C. PROGRAMAS DETONANTES DE BORDE (BUFFER): En función de la construcción de un borde que genere relaciones simbióticas entre elementos territoriales y ciudad con el objetivo de reencontrar y reformular la experiencia asociada al paisaje productivo del valle central, se plantean los siguientes parches y vocaciones:

a) Parche Hasbún: Campus San Bernardo:
En la búsqueda de la innovación, educación e investigación y producción de carácter local se propone la habilitación de un espacio de encuentro entre las distintas esferas de la cultura agrícola: las cooperativas locales, empresas, universidades, centros de formación técnica e instituciones estatales.
Se plantea un Campus de desarrollo e investigación que dote a diversas instituciones y agrupaciones de infraestructura adecuada ya sea educacional, empresarial, productiva y campos de experimentación.

b) Parche Adasme: Jardín Botánico de Santiago:
Dado que la Región Metropolitana es un hotspot de biodiversidad mediterránea a nivel mundial, se formula la habilitación del primer Jardín Botánico de Santiago que preserve, investigue, exponga y contribuya a la formación de la población sobre las especies nativas y las características del paisaje mediterráneo.
Este programa exige la incorporación de áreas de producción de especies mediterráneas herbáceas, arbustivas y arbóreas, tales como: zonas de preparación de sustratos y reciclaje de materia orgánica, invernaderos, bancos de semillas, zonas de propagación vegetativa y viveros, entre otros.

c) Parche Negro: Vivero Metropolitano de Santiago:
La arborización de las nuevas zonas urbanas proyectadas por el PRMS 100 y sus áreas verdes, implican la producción de al menos 550.000 nuevas especies arbóreas, esto significa una inversión aproximada de MM$16.500.
Hoy la gran mayoría de las especies utilizadas para arborizar la ciudad de Santiago son provenientes de pequeños viveros privados que no permiten abastecer proyectos urbanos de gran envergadura, lo que se traduce en un alto costo unitario de individuos que generalmente no tienen la calidad apropiada para proyectos de forestación.
A propósito de lo anterior se propone desarrollar un Vivero Metropolitano que responda a esta demanda con especies autóctonas y fitorremediadoras, que permitan a la par educar a los ciudadanos en la producción forestal sustentable y la protección de las áreas verdes de Santiago.
La producción de especies fitorremediadoras permite generar individuos que permitan rehabilitar sitios urbanos contaminados y micro basurales.

d) Parche Los Morros: Humedal Río Maipo:
El manejo del agua ha constituido uno de los principales avances tecnológicos en el paisaje productivo chileno, no obstante esto, muchas veces ocurre con un alto grado de afectación de la cuenca y la biodiversidad riparia. Se plantea entonces la construcción de un tranque recreativo (humedal artificial) para la ciudad de Santiago que permita limpiar las aguas del cauce y a la vez albergar y preservar la flora y fauna de la cuenca.
Este tranque genera un humedal artificial que concentraría una alta diversidad de especies de fauna, lo cual serviría como un elemento detonante de la restauración ecológica del paisaje del valle central. “Es importante estar conscientes de que la diversidad ecológica es nuestro recurso más valioso y que los humedales constituyen el núcleo de la biodiversidad”.


PREMIOS CONCURSO

Primer lugar: “Sistema de Parches Integrados”.
Jefe de Equipo: Francisco Walker Martínez
Integrantes:
Alejandra Vásquez Díaz, Juan Ramón Samaniego L’Huiller, Francisco Javier Salas Hernández, Lucas Mateluna Espinosa, Santiago Rojas Alessandri, Martín Fonck Larraín, Inés Macarena Burdiles Araneda, Francisco Chateau Gannon

Segundo lugar: “Quipus verdes: Entrelazando naturaleza y sociedad”.
Jefe de equipo: Alexis Vásquez Fuentes
Integrantes:
Paola Velásquez Betancourt, Carolina Devoto Magofke, Víctor Alegría Corona, Javier Moya Ortíz, Andrés Riveros Cristoffanini, Ángel Quiroz Gonzalez, Francisca López Espinoza, Felipe Aguirre Saavedra, Paulina Vera Fuenzalida, María Jesús Martínez Pucci, Daniela Niechi Gaete.

Tercer lugar: “Corredores Biológicos de San Bernardo. Integración de los cerros isla a una matriz migratoria de biodiversidad”.
Jefe de equipo: Andrea Ortega Esquivel
Integrantes:
Claudio Alfonso Tapia Balboa, María Sofía Balbontín Gallo, Mario Andrés Pezoa Fuenzalida, Daniela Balbontín Cornejo.

Menciones Honrosas
“Parque Territorial del Corredor Verde de San Bernardo”
Jefe de equipo: Daniel Vargas Fernández del Río
Integrantes:
Aitana Arroyo Samsó, Verónica Uzon Endress, Luis Vildósola Basualto, Xavier Matilla Ayala, Mónica Beguer Jornet, Èlia Hernando Navarro, Cristóbal Moreno Carral

“Andamio verde: Una nueva Alameda, del río al cerro, para San Bernardo”
Jefe de Equipo: Cristián Boza Wilson
Integrantes:
Nicolás Rodrigo Norero Cerda, Pedro Osvaldo Pedraza Pastén, Miguel Gálvez Solís, Iván Palacios Gómez, Cristián Seguel Rodolfo Duarte.

“Corredor Eco-Social Metropolitano Sur”
Jefe de Equipo: Piero Augusto Mangiamarchi Lagos
Integrantes:
Sarah José Bosch Castro, Emile Straub Espinoza, Juan Raúl Reyes Aravena, Carlos Andrés Carvajal Olivares, Nicolás Morales Yáñez.

 

Para mayor información:
Ingresa al sitio:
SANTIAGO CERROS ISLA

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Lámina 1 Cerros Isla 

Lámina 2 Cerros Isla

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