Vivienda Social Mapuche

Conjunto de 25 viviendas Ruca, viviendas sociales emplazadas en las faldas de un cerro en Barrio La Pincoya, situadas a las afueras de Santiago de Chile.  La singularidad de esta obra de Undurraga Devés Arquitectos, es su destino: la comunidad mapuche. Los mapuches son un pueblo amerindio establecido en el centro y sur del país, muy celoso de sus tradiciones ancestrales, y con dificultades de integración.

Autor: Cristián Undurraga, Arquitecto
Ubicación: La Pincoya, Huechuraba, Santiago
Colaboradores: Pablo López, Raimundo Salgado, Jean Baptiste Bruderer
Superficie terreno: 3.786 m2
Superficie construida: 1.525 m2
Mandante: MINVU – Ministerio de Vivienda y Urbanismo
Constructora: Ebco S.A
Cálculo: José Jiménez- Rafael Gatica Ingenieros y
Año proyecto: 2010
Año construcción: 2010 – 2011
Materiales: Hormigón, ladrillos, celosía coligue y rollizo de pino impregnado.
Publicaciones: Archdaily / Arquitectura Viva 161 / Carlos Aldunate del Solar. Cultura Mapuche. Serie Patrimonio Cultural Chileno. Colección culturas aborígenes.
Premios: 2do Lugar Premio Obra del Año 2014
Fotografías: Guy Wenborne, Pilar Undurraga, La Tercera, Daniela Carter

Sobre la comunidad mapuche
A diferencia de otras comunidades americanas, los mapuches no han sido nunca constructores: sus templos, más que edificios, son las propias montañas y los ríos, y sus albergues —rukas— no son más que espacios transitorios de ramas y troncos, que se confunden con el paisaje y se degradan con el tiempo. Esto explica en parte las dificultades de adaptación de los mapuches a la vida moderna, y sugiere la única manera de tener éxito en cualquier proyecto que tenga que ver con esta comunidad: la participación.

La participación permitió definir el esquema básico de las viviendas, de manera que este recogiese las creencias de los mapuches. Las casas sugieren con su forma las rukas, pero se han agrupado en una larga hilera cuya fachada principal se orienta hacia el Este, de suerte que pueda cumplirse la tradición ancestral de que la puerta principal de la casa mire siempre al sol naciente. En la construcción se recurrió a las tradiciones locales: ladrillo y celosías de caña de coligüe. Los espacios interiores se dejaron acabados en bruto, de tal manera que cada propietario pudiera terminarlo de acuerdo a sus recursos, pero también a sus gustos.

Sobre el Proyecto y su gestión
Se trata de un conjunto de 25 viviendas sociales para una comunidad Mapuche, en Huechuraba, en la periferia norte de la ciudad de Santiago. El proyecto se inserta dentro de un conjunto mayor compuesto por 415 viviendas sociales tradicionales. Estas se enmarcan dentro de la política habitacional del Fondo Solidario de Vivienda, impulsado por el MINVU con la colaboración del Municipio local y la organización privada de gestión social Un Techo para Chile. Además, en el caso específico de las viviendas mapuche, se contó con la cooperación de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena. Esta iniciativa surgió de una pequeña comunidad mapuche que, dispuestos a participar de la sociedad moderna, querían que ello no significara un menoscabo de sus tradiciones y creencias ancestrales.

Sin embargo, por tratarse de un proyecto social que se beneficiaba del subsidio otorgado por el MINVU, el diseño de las viviendas debía necesariamente ceñirse al estricto conjunto de normas. El manual, centrado en aspectos técnicos y de habitabilidad, no consideraba las singularidades y los aspectos culturales como los que demandaba la comunidad mapuche.

Las casas se agruparon de forma continua sobre una cota horizontal, permitiendo con ello que la longitud de la fachada principal mirara al Oriente. Esta disposición, obligada por la tradición ancestral de abrir la puerta principal de la casa hacia el sol naciente, fue la principal exigencia que nos hiciera la comunidad. Entre las viviendas y el cerro se dispuso un espacio común, análogo al espacio urbano tradicional. Desde allí se accede a las viviendas. La construcción continua del conjunto no excluyó la expresión individual de cada vivienda, haciéndose eco de las rukas que se despliegan aisladas en el paisaje.

Sobre el Diseño y su Construcción
Como técnica constructiva se usó la tradición artesanal de ladrillo y marco de hormigón armado, expresando la correspondencia entre apariencia y naturaleza estructural del proyecto. La diagonal de madera de pino impregnada, que caracteriza la fachada principal y posterior, es un elemento estructural que tiene como misión arriostrar los muros laterales en caso de sismo.

Una doble piel de cañada de coligüe (rügi) cubre el tabique y las ventanas de estas fachadas. La mínima separación entre las varas permite el paso de la luz filtrada al interior, al tiempo que da cuenta de la tradición que inspira el proyecto. La casa de 61 m2 se desarrolla en dos plantas. En la planta baja se ubica la zona de estar y la cocina.

Este último recinto es más amplio que el de las viviendas sociales análogas en consideración a la importancia del “fogón” (cocina) en la tradición mapuche. En la planta alta se ubican dos dormitorios y el baño. El interior se entregó como una obra gruesa habitable, permitiendo a cada familia hacer las terminaciones según sus medios y gustos. La luz tenue y fragmentada al interior de las viviendas evoca una atmósfera que nos remite a la penumbra de las rukas, dando lugar a un tiempo propio, diferente al que corre afuera en la ciudad. Esta estrategia también definió el interior y exterior, mundos opuestos en la tradición mapuche.

Descripción de los Arquitectos
Dentro de nuestro continente, aún subsisten pueblos verdaderamente americanos. Son los últimos representantes de aquellos hombres que, a través  de milenios, poblaron  este continente, conquistaron selvas, desiertos, largas playas y las alturas inconmensurables de las montañas. En la lucha de estos hombres por la sobrevivencia, desarrollaron una cabal comprensión y entendimiento de los distintos territorios que habitaron, su clima, flora y fauna.

Algunos domesticaron plantas y animales desarrollando complejas economías agrícolas y ganaderas, que a veces alcanzaron organizaciones de tipo estatal. Otras más aisladas y, quizás menos exigidas por el medio que habitaban,  mantuvieron por largo tiempo sus economías basadas en la caza y recolección. La invasión europea fue tan fuerte y sus efectos tan drásticos, que en menos  de un siglo ya había cambiado por  completo las faz étnica de este continente.

Hoy, los verdaderos americanos son minorías dentro de los países de América. La sociedad mayor, generalmente mestiza, ha adoptado  formas culturales occidentales y cristianas. En general, resulta difícil, por decir lo menos, la convivencia de estas minorías étnicas dentro de la sociedad mayor, por conflictos de intereses. Así estas sociedades se han visto desplazadas a posiciones desmedradas ocupando por lo general tierras de mala calidad o escaso valor, con problemas económicos, sanitarios y lo que es peor, con un grave deterioro cultural debido a que les son impuestos valores y modos de vida ajenos a sus sistemas tradicionales”.

La ciudad, hasta donde han migrado en busca de un mejor destino, les ha  sido hostil. Es que  la ciudad, particularmente la mega-ciudad, en el forzoso  tránsito hacia un mundo globalizado  ha desdeñado las culturas locales y allí, los pueblos originarios, han llevado la peor parte.

El desafío que tenemos como sociedad es conciliar aquellos aspectos en los que  la globalización ha traído progreso para la  humanidad con aquellos valores  de las culturas que nos precedieron y que hoy  luchan  por mantener viva su identidad. Dentro de este difícil contexto se inscribe el proyecto que mostramos a continuación.

Se trata de un conjunto de 25 viviendas sociales para una comunidad Mapuche, en Huechuraba, en la periferia norte de la ciudad  de Santiago. El proyecto se inserta dentro de  un conjunto mayor compuesto  por 415 viviendas sociales tradicionales. Estas se enmarcan dentro de la  política habitacional  del “Fondo Solidario de Vivienda” impulsado por el Ministerio de Vivienda  y Urbanismo con la colaboración del Municipio local y la  organización privada de gestión social “Un Techo para Chile”. Además en el  caso específico de las viviendas mapuches, se contó con la cooperación de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena.

Esta iniciativa surgió de una pequeña comunidad mapuche quienes dispuestos a participar de la sociedad moderna, querían que ello no significará un menoscabo de sus tradiciones y creencias ancestrales. Mapuche significa en español “hombre de la tierra”.

Ellos originalmente habitaron el centro-sur  del país donde, en una  relación armónica con la naturaleza, desarrollaron fundamentalmente la agricultura. A diferencia de otras culturas precolombinas como las del centro-norte de los Andes  o las de Meso-América, los  Mapuches no han sido  constructores en un sentido tradicional. Sus espacios sagrados no han sido los templos, sino las montañas, los bosques y los ríos. Sus albergues, las rukas fueron, y en muchos casos aún siguen siendo, espacios transitorios formados por estructuras ligeras de ramas  y troncos. Éstas, confundidas en el paisaje, se degradan con el tiempo para volver a la tierra  acompañando el tiempo circular  de la naturaleza. Lo dicho anteriormente basta para entender el esfuerzo que supone la adaptación de la cultura mapuche a la realidad urbana contemporánea.

Cabe señalar que el diseño  de este proyecto  fue producto de un trabajo participativo entre la  comunidad, los arquitectos  y las instituciones patrocinadoras. En estos parlamentos, que tenían lugar en una ruka, nos enseñaron su historia, sus tradiciones y su cosmovisión: el Az Mapu. En él están contenidos los principios que establecen las relaciones entre los Mapuches y el mundo visible e invisible: el mundo territorial, político, social, cultural y religioso.

Huechuraba -nombre Mapuche que significa lugar donde nace la greda-, es la comuna donde se inserta el proyecto. Se ubica en la  periferia norte de Santiago y su origen urbano se remonta a los primeros campamentos informales en ese sector de la ciudad surgidos en la década de los ‘60. Una  eficaz política de saneamiento,  sostenida a lo largo del tiempo, ha dado origen a una ciudad todavía precaria donde la necesidad de suelo para  vivienda  no deja lugar al espacio urbano.

Pero aún,  en el abigarrado tejido de casas, la  geografía de cerros, tan característica de  Santiago, se impone sobre el tapiz  de techos de lata que no sobrepasan los dos pisos  de altura. Allí, al pie de esos cerros, ubicamos estas 25 viviendas de modo que pudieran estar lo más cerca posible de la naturaleza.

Por tratarse de un proyecto social que se beneficiaba del subsidio otorgado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, su  diseño debía, necesariamente ceñirse al estricto conjunto de normas que la institución exige a este tipo de casas. El manual, centrado en aspectos técnicos y de habitabilidad, no consideraba las singularidades y los aspectos culturales  como los que  demandaba la comunidad  mapuche.

Entremos de lleno al proyecto. Las casas  se agruparon de forma continúa sobre una  cota horizontal permitiendo con ello que  la longitud de la  fachada  principal mirara al oriente. Esta disposición, obligada por la tradición ancestral de abrir  la puerta principal de la casa hacia el sol naciente fue la principal exigencia que nos hiciera la comunidad. Entre las viviendas y el cerro  se dispuso un espacio común, análogo al espacio urbano tradicional. Desde allí se accede a las viviendas.

La construcción contínua del conjunto  no excluyó la expresión individual de cada vivienda, haciéndose eco de las rukas que se despliegan aisladas en el paisaje. Como técnica constructiva se usó la tradición artesanal de ladrillo y marco de hormigón armado, expresando la correspondencia entre apariencia y naturaleza  estructural del proyecto. La diagonal de madera de pino impregnada,  que caracteriza la fachada  principal  y posterior es un elemento estructural que tiene como misión arriostrar los muros laterales  en caso  de sismo.

Una doble piel de  cañada  de coligüe (rügi), cubre el tabique  y las  ventanas  de estas fachadas. La mínima separación entre las varas  permite el paso  de la luz filtrada al interior al tiempo que da cuenta de la tradición que inspira  el proyecto. La casa  de 61 metros cuadrados se desarrolla en dos plantas. Al interior es programa es sencillo: en la planta  baja  se ubica la zona de estar y la  cocina. Este último recinto  es más amplio  que el de las viviendas sociales análogas en consideración  a la importancia del “fogón”  (cocina)  en la tradición mapuche. En la planta alta se ubican dos dormitorios  y el baño.

El interior se entregó como una gruesa habitable permitiendo a cada familia hacer las terminaciones según sus medios y gusto. No obstante lo convencional del programa y la neutralidad de los recintos, (producto de la normativa ministerial), la luz tenue y fragmentada al interior  de las  viviendas evoca una atmósfera que nos remite a la penumbra de las rukas dando lugar a un tiempo  propio, diferente al que corre afuera en la ciudad. Esta estrategia también definió de manera nítida el interior y exterior, mundos opuestos en la tradición mapuche, distinta a la tradición  moderna en la que estamos  inmersos donde el interior y el paisaje se integran como un continuo. El interior se entregó como una gruesa habitable permitiendo a cada familia hacer las terminaciones según sus medios y gusto.

“Nuestra labor, más que la de arquitectos, fue la de un puente entre los sueños mapuches y la realidad posible.
El  camino  recorrido nos llevaría necesariamente al mestizaje entre dos culturas.
Esa es, por lo demás la historia de nuestra América”

Tags

Casa mapuche, casa ruca, casa ruca cristian undurraga, casa ruca huechuraba, casa ruca la pincoya, casa ruca undurraga deves, Cristián Undurraga, Undurraga Devés, vivienda mapuche en huechuraba, vivienda mapuche la pincoya, vivienda mapuche undurraga, Vivienda social, Vivienda social mapuche, vivienda social mapuche la pincoya

Contáctenos
Los campos marcados con * son obligatorios.
*
*
*
  
*
* Ingrese código: captcha