Restaurante Cap Ducal de Roberto Dávila

Un clásico de arquitectura moderna y remodelación del borde costero de Viña del Mar, el Cap Ducal, diseñado por Roberto Dávila en 1936 se emplaza sobre rocas asemejando un barco encallado en la orilla. Con distintos niveles y terrazas reconoce la vista hacia el horizonte.

Autor: Roberto Dávila.
Ubicación: Avda Marina s/n.
Superficie construida: 700.3147 m2.
Mandante: Domingo Tocornal Matte.
Año proyecto: 1930.
Año construcción: 1936.
Publicaciones:
Para entender la urbanización del litoral: el balneario en la conformación del gran Valparaíso (siglos XIX y XX). Gonzalo Cáceres + Francisco Sabatini. ARQ nº55 dic 2003.
Un nuevo espacio de Veraneo: El Cap Ducal en la Génesis de la Modernidad. Macarena Cortés. ARQ nº55 dic 2003.
Un nuevo espacio de Veraneo y la Metáfora Naval: El Cap Ducal en la Génesis de la Modernidad. Macarena Cortés. Tesis Pontificia Universidad Católica, Magíster en Arquitectura, 2012.
Fotografías:
Antiguas: Gabriel Fuentes Valdés, Alberto Sironvalle, Claudia Ramírez, Felipe Silva.
Actuales: Manuela Donoso, Natalia Yunis, Liliane Etcheberrigaray.
Atardecer: Daniela Carter.

Sobre su Ubicación, Emplazamiento y Concepto Forma.
El Cap Ducal es un restaurante de Viña del Mar que fue construido en 1936 por el arquitecto Roberto Dávila, desafiando a la topografía, al situarse en plena desembocadura del Estero Marga Marga y el mar que baña la Playa Miramar, sus cimientos se emplazan sobre un roquerío en Avenida Marina, en los terrenos de lo que fue el primer balneario público de Viña del Mar.
Teniendo una clara referencia naval, su forma asemeja la de un barco varado en la orilla del mar, haciendo alusión a la presencia constante de trasatlánticos en el Puerto de Valparaíso, se afilió a la arquitectura náutica inserta en el contexto disciplinar internacional y proveniente de la transición del Art Decó presente en las costas de Miami, Montevideo, San Sebastián y Rio de Janeiro. El arquitecto utiliza este simbolismo como forma de generar un vínculo con el entorno: el contexto social y urbano. El barco representa los avances tecnológicos y la actividad portuaria que caracterizan la ciudad de Valparaíso. Es el único edificio costero convertido en hotel que se ha conservado desde los años 30, hecho que evidencia su importante legado patrimonial. Al igual que ocurrió en otras ciudades latinoamericanas, Viña del Mar fue testigo de la paulatina integración de las actividades marítimas a la vida urbana.

Sobre sus Orígenes y Concurso de Arquitectura.
A fines de 1907, los terrenos de los baños de Miramar fueron cedidos a la Municipalidad para la construcción de la Avenida Marina; en 1912 se construyó en el lugar un salón de té denominado Palacio Ducal, propiedad de Alberto Mackenna y Mercedes Matte. En el año 1912 se constituye la sociedad anónima Balneario de Viña del Mar, encargada de otorgarle a la ciudad una nueva fisonomía turística. Esta sociedad, paulatinamente compró terrenos en la zona costera para entregarlos a la ciudad. Desde esa fecha realizó numerosas obras de mejoramiento de infraestructura y hermoseamiento destinado al turismo.

La construcción de malecones en la ribera sur del Estero Marga Marga significó que el antiguo emplazamiento mediterráneo de la ciudad fundada por don Francisco Vergara, que daba la espalda al mar, cambiara generando un mayor asentamiento costero. La ciudad alberga ya gran cantidad de población, muchos de los nuevos vecinos pertenecen a la clase alta de la sociedad, y como tal, requiere de un tipo de vivienda acorde a sus necesidades y gustos.

Con los escombros del catastrófico terremoto de 1906, que afectó a la zona central del país, se rellenó en gran parte, una nueva avenida en la que se fueron levantando, con el tiempo, emblemáticas construcciones como: el Castillo Wulff, construido en 1905 por Alberto Cruz Montt; este mismo arquitecto realizó el Castillo Ross, actual Club Unión Árabe, en 1912. Será a partir de 1927, cuando Manuel Ossa asume como Alcalde, cuando se realiza concretamente un proyecto de transformación urbana, esto es gracias a la visión de futuro que tuvo el presidente Ibáñez, quien otorga autorización a la Municipalidad para contraer un gran préstamo, y realizar numerosos proyectos para concretar la idea del gran balneario. En 1928 se aprueba la ley Nº 4.283 de fomento al turismo y al progreso de la ciudad, en la cual se establece la creación de una Junta Pro-Balneario que se encargaría de contratar, dirigir, fiscalizar y administrar las obras necesarias para estos fines, llevando a cabo proyectos de construcción o compra de terrenos en el borde mar antes ocupado por industrias, para destinarlos a playas. Luego, en los años 30, se llevaban a cabo grandes reformas en los usos de la ciudad de Viña, estableciéndose como uno de los balnearios más importantes de Chile.

La masificación del turismo y el acceso a vacaciones pagadas estaba exigiendo de la arquitectura la creación de nuevas tipologías arquitectónicas que acogieran los programas necesarios y que tuvieran una estética representativa de la era moderna que se estaba viviendo. El Cap Ducal se presenta como representante de esta modernidad local, se concibe como una respuesta a esta demanda, a través de su programa, arquitectura moderna y su simbolismo. El mandante Domingo Tocornal Matte, adquirió el salón de té Palacio Ducal y llamó a Concurso de Arquitectura para el diseño del nuevo restaurante a las oficinas de los arquitectos Roberto Dávila, Jorge Arteaga y de Costabal y Garafulie, para la construcción de un nuevo restaurante sobre los cimientos de una antigua casona que era utilizada como salón de té, conservando el nombre primitivo y añadiéndole el de la flota de barcos CAP, siendo bautizado finalmente como Cap Ducal. El Cap Ducal sería uno de los espacios arquitectónicos requeridos por el emergente balneario de Viña del Mar para dar lugar a la sociabilización del verano. Esto se lograría a través de una proposición arquitectónica apoyada en un programa de bar–restaurante, cualificada por su emplazamiento de borde mar.

Fue finalmente adjudicado a Roberto Dávila, arquitecto de la Universidad de Chile, que acababa de volver al país después de realizar estudios en la Bauhaus de Dessau y trabajar en la oficina de Le Corbusier en París.

Para el concurso, Dávila entregó cinco croquis relativos a cuatro versiones en distintos estilos:

“uno inspirado en el Castillo Wulff cercano al lugar con el nombre Vauberge Du Duc, otro de estilo español con el nombre del Palacio Ducal, otro que hace referencia al Palacio Ducal de Venecia con el nombre Il Ducale, el cuarto (con dos croquis) que utilizaba la metáfora naval que se llamó Cap Ducal (haciendo alusión a una flota de barcos de la época), de cual existen dos croquis desde la calle pero mirando hacia el norte y hacia el sur”.

Al revisar fotografías antiguas previas al proyecto cabe destacar el respetuoso cuidado del arquitecto con las palmeras ubicadas en el terreno que acompañaban a la construcción que reemplazaría el nuevo edificio.

Sobre su Programa.
La planta propone claramente una secuencia espacial horizontal, en la relación entre interior y exterior, a través de tres tipos de espacio: un núcleo rígido hacia la calle, espacios de continuidad desarrollados horizontalmente que se abren hacia el exterior a través de la transparencia generada por la utilización de una estructura de pilares y ventanales, y finalmente, espacios de extensión también desarrollados horizontalmente a través de losas en voladizo sobre el mar.

Esta secuencia espacial era reforzada por los programas que estos espacios contenían: un borde duro de servicios que independiza el restaurante de la calle; una situación de grandes espacios de comedor y bar, y por último, las terrazas que se relacionan con la vista y el mar. Toda esta operación en planta, con relación al plano horizontal, responde también a una condición de lugar donde la obra se abre completamente con ventanales y terrazas hacia el mar, a través de las superficies de suelo y cielo que se proyectan hacia el espacio exterior, cerrándose a la calle con una fachada dura.

Esta operación de descomposición es realizada igualmente en la vertical a través de losas que disminuyen en tamaño a medida que ganan altura, abriéndose cada vez más a las terrazas, que se abalconan hacia el mar, hasta generar un espacio completamente al aire libre. Las operaciones analizadas no tendrían mayor valor, si es que los espacios no estuviesen conectados a través de elementos verticales (escaleras), que configuran un sistema de recorrido continuo, ascendente y periférico al mar, que le da sentido a la obra.

Y es que la idea de recorrido del espectador es de radical importancia para su condición de emplazamiento en el borde costero. Esto porque el recorrido circunvala la obra estableciendo su límite como una línea dinámica, relacionada con la vista sobre el mar y el horizonte a través de las terrazas. Es así como la obra, a través de su propuesta arquitectónica, reacciona a la condición específica del contexto, tanto geográfica como social. De esta forma intenta responder a las nuevas exigencias del balneario moderno en que se transformaba la ciudad de Viña del Mar durante la primera mitad del siglo XX.

Su programa público de restaurante y bar están articulados por un recorrido continuo que comienza en la avenida peatonal y remata en una terraza en el cuarto piso, que posee absoluto control sobre las vistas al mar. El recorrido perimetral del proyecto se desarrolla a forma de ‘Promenade Architectural‘, a medida que el visitante se desplaza por la obra, se despliega ante él su orden arquitectónico. Es la facilidad y fluidez del recorrido que dotan al Cap Ducal de un carácter de espacio público permeable.

La consideración por el entorno también es una importante decisión de proyecto, característica de la arquitectura moderna de la época. Se logra una estrecha relación entre edificio y contexto, a través de la apertura de los espacios interiores hacia el exterior por medio de unas terrazas que se abalconan sobre el mar. A través de los años, el edificio ha sufrido una serie de transformaciones, resultando en un claro deterioro de sus partes y su relación con el entorno, pero no obstante ha logrado conservar su imagen moderna.

Esta obra se proyectó como una pieza arquitectónica permeable, un espacio público abierto que articulara el encuentro de esta “nueva” y moderna sociedad costera. Las ampliaciones y modificaciones de esta obra lo han convertido en un edificio hermético y privado, sin vinculación a su contexto urbano. A pesar de todo esto, el Cap Ducal sigue teniendo éxito y se mantiene activo durante todo el año.

Para mayor información:
Descarga Biografía de Roberto Dávila Carson

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