Templo Votivo de Maipú de Juan Martínez Gutiérrez

Con 96 metros de altura y un vitral de 300 m2, el Santuario Nacional de Maipú ocupa un lugar de relevancia entre las construcciones religiosas más importantes de Latinoamérica. Fruto de una promesa cumplida por Bernardo O´Higgins a la Virgen del Carmen, su proceso tomó tiempo. El Templo ha sido protagonista de terremotos, derrumbes, cambios de ubicación y diseño.

Autor: Juan Martínez Gutiérrez.
Equipo Profesional:
[Arq.Obra] Juan Martínez Gutiérrez (1818-1973)
Rodrigo Márquez de la Plata tras fallecimiento de J.M.G. (1973)
[Arq.  Colaborador] Oreste Depetris
[Vitral] Adolfo Winternitz
[Arq. Remodelación del Mirador] Rafael García + Arturo Benavides
[Arq. Iluminación Artificial] Enersis
Ubicación: El Carmen 1750, Maipú
Superficie Construida: 8600 m2
Constructora: Delta.
Cálculo: Ingeniero Armando Holzapfel.
Año proyecto: Concurso (1943)
Año construcción: Original (1818), Actual (1944-1977)
Materiales:
Abañilería simple (Capilla La Victoria)
Hormigón Armado Prefabricado y Pretensado (Templo Votivo)
Publicaciones: Revista BIT 78 Mayo 2011
Clásicos de la Arquitectura: Humberto Eliash e Isabel Tuca (Planos)
Información en Página Web Templo Votivo y Patrimonio Maipú
Premios: 1er Lugar “ Concurso del Monumento pro-cumplimiento del Voto Nacional de O’Higgins en Maipú” (1943)
Fotografías:
Benjamín Blanco, Jorge Barrios, Ximena Navarro, Teresita Pérez, Patricio Cabezas (espacialidad actual)
Luis Ladrón Guevara (colección histórica)
Christian Iglesias, Pedro Vergara Lobos (Mirador)
Jorge Barrios Riquelme (Nocturnas)

La construcción del templo tal como hoy se conoce, nació de un decreto promulgado el 30 de abril de 1943 por el Arzobispo de Santiago, José María Caro, que indica que se hagan peregrinaciones a los santuarios, especialmente al de Maipú: “un templo digno de la grandeza de la reina y patrona de Chile“.

De esta manera se dictó la construcción del santuario patriótico y se llamó a un concurso internacional, cuyo nombre era  Concurso del Monumento pro-cumplimiento del Voto Nacional de O’Higgins en Maipú”; en este participaron arquitectos chilenos y argentinos y fue el primer concurso internacional en Chile.

El diseño ganador de Martínez era de un estilo modernista, monumental, con la utilización de los materiales a la vista, como se da en el estilo brutalista, el cual se identifica por geometrías angulares repetitivas, donde por lo general permanecen las texturas de los moldes de madera que se emplearon para dar forma al hormigón, según escritos del arquitecto: “En el brutalismo, los materiales están sin trabajar. La madera y el hormigón se ven originales. La obra queda tal como se desmolda, no se trata de cubrir las imperfecciones”. 

En el caso del templo, la idea central era que representara la figura de la Virgen del Carmen.

Volumetría, Estilo y Espacialidad
El Templo, ubicado en el eje de los dos antiguos muros de ladrillo, coincide con el eje de la calle 5 de Abril. El espacio entre los muros cobró sentido procesional y se constituyó en el acceso al conjunto.

El Templo se inserta en el centro de la comuna de Maipú, dentro de una zona urbana de baja altura, destacando de esta manera por sus dimensiones y altura, dominando el entorno aún hoy, a pesar del surgimiento de algunos edificios de cierta envergadura.

El conjunto monumental se compone del Templo y de una columnata de dos brazos curvos que conforman la gran plaza de forma elíptica, que se ha comparado con la de Bernini en San Pedro, en Roma.

Esta fue pensada para realizar ceremonias masivas, por tanto, sus dimensiones y forma, y la monumental columnata curva que soporta la cubierta y que acoge al visitante conformando la plaza, hacen del conjunto un hito urbano.

La poderosa forma escultórica y consistencia estructural, que sorprende e impacta a la primera mirada, tiene su justificación en el carácter simbólico y emblemático del encargo, el cual exigía características distintas a cualquier otro templo.

Había allí un compromiso y un encargo singular que debía ser, además de una iglesia, un edificio de fuerte significación para el pueblo de Chile, del cual pendía un compromiso nacional.

Se reconoce en esta obra el origen de la escuela de Beaux-Arts, en la que Juan Martínez se formó. Su clasicismo se expresa en la organización simétrica en torno al eje geométrico oriente-poniente que incluye la columnata y los muros pre-existentes de la antigua iglesia.

En el templo, sus respectivas fachadas laterales, en dinámico cambio formal descendente, alternan elementos curvos y elementos rectos escalonados, sacando provecho a las propiedades del hormigón armado, que dan cuenta de la espacialidad programática del interior, en una secuencia de alturas diferentes que van desde la más alta, que corresponde al acceso, hasta la más baja, que coincide con el altar, en cuyo punto focal se encuentran todos los ejes geométricos que ordenan el conjunto, y que parten del lugar que ocupa la Virgen del Carmen, que se ubica al fondo del presbiterio, lugar que coincide con la más baja altura del Templo.

Este ordenamiento radial que da dinamismo al espacio, genera perspectivas distintas, cuyas visiones van cambiando continuamente.

El lugar de mayor altura se da en el ingreso: allí se encuentran los más grandes vitrales, en los que dominan los colores azul, violeta y rojo, sin dejar pasar mucha luz al interior.

El campanario, sobre la fachada principal, de forma cúbica e independiente del resto del edificio, pero integrada, resuelve sus fachadas mediante un juego de elementos horizontales que sobresalen del plano de fachada.

Este tratamiento de fuertes ritmos horizontales otorga identidad a la torre. Sorprende el remate del campanario mediante un techo más bien convencional (rasgo ecléctico propio de Juan Martínez).

Bajo el campanario, en tanto, se desarrolla una galería-mirador. Desde la torre se desliza un manto de hormigón que cubre el templo y desciende hacia el altar, terminando en un muro escalonado transversalmente. Paralelamente, dos mantos angostos laterales bajan hasta encontrarse con el transepto.

El Templo, visto desde su parte posterior (poniente), se asemeja a un animal echado, siendo el campanil la cabeza, y los mantos en descenso, el cuerpo en reposo. Es la vista menos agraciada del edificio.

La volumetría tratada en base a cuerpos adosados, sumados a los retranqueos, ritmos y combinaciones de superficies curvas y rectas, logra, pese a todo, configurar un conjunto integrado.

El arquitecto Manuel Cuadra reconoce en el Templo elementos expresionistas y del Art-Nouveau y, al mismo tiempo, conceptos clásicos (orden geométrico y simetría), conteniendo principios de distinto origen, conjugándolos e integrándolos con habilidad.

Juan Martínez logra crear un edificio escultural, no exento de dramatismo monumental en el exterior, aprovechando las características ventajosas del hormigón armado, explotando sus propiedades plásticas y expresividad estructural-formal.

El interior se percibe como un espacio potente, algo escenográfico, mientras que en el exterior se presenta como un monumento de impresionantes dimensiones y de sorprendentes y desconcertantes formas.

Su lenguaje acusa influencia del expresionismo alemán, cuyas obras Juan Martínez conoció en su estadía en Europa, después de terminar el Pabellón de Sevilla.

A juicio del arquitecto Rodrigo Márquez de la Plata , el edificio es un monumento conmemorativo de la batalla de Maipú por el exterior y un Santuario, en el interior, con la luminosidad colorida de sus vitrales.

Para mayor información:
Ingresa a: Templo Votivo de Maipú Museo del Carmen
Descarga aquí nuestra: Reseña Adicional del Templo Votivo de Maipú

 

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Arquitecto Juan Martínez Gutiérrez, Arquitectura de culto, Arquitectura religiosa, Templo en hormigón armado, Templo Votivo de Maipú

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